EL MALCONTENTO

Contabilidad política errada: Paco Gómez Nadal

La erótica del poder debe ser muy erótica. Nunca lo he entendido, porque se pasa mucho mejor en la cama privada que en la cama pública, pero hay gente a la que su exhibicionismo le puede y gusta de mostrar su sexo y sus perversiones ante un público masivo, ávido de noticias escandalosas.

Si no fuera por esa enfermedad del poder no se explicaría uno por qué llegan a hacer tantas tonterías los políticos por aferrarse o por llegar al poder. Martinelli, ciego de poder, está aplicando el manual del perfecto populista latinoamericano, con un discurso falaz, pero efectista que tiene tanto éxito a corto plazo como garantizado su fracaso a largo plazo. Parece que lo tenía todo calculado, pero su contabilidad política es errónea y el tiempo lo demostrará. En su comunicado presidencial (tan poco presidencial como el pregón de un vendedor de pescado –con perdón por los vendedores de pescado–) acudía a la falsa humildad para declararse “un mal político”. Pero es verdad: Martinelli es un pésimo político que lee mal las encuestas y que, como los dictadorzuelos, se cree lo que sus manzanillos aduladores le cuentan: que el pueblo lo ama, que siga así, que se deshaga de los molestos aliados temporales, que él solo puede, que es un triunfador...

Sin embargo, en la política criolla hay que saber jugar las cartas y me temo que, a pesar de lo que parece, el que está barajando bien es Juan Carlos Varela. El vicepresidente sin funciones ya lo dijo: su partido tiene décadas de experiencia en los meandros del poder y eso se nota. Cambio Democrático (ese no-partido) juega al marketing electorero, pero los panameñistas juegan a la política criolla (con toda la carga negativa que eso significa).

Varela ha dejado que lo revienten. Y debe estar contento. Muchos panameños no entendieron la actitud que mostró en su entrevista en la CNN, tan bien portadito, tan sin querer sangrar por la herida, tan temeroso y confiado en Dios Todopoderoso y no en la falsa divinidad de Martinelli. Yo empiezo a creer que su estrategia es buena. Cuando el Presidente de la República termine su plan y ponga a Roxana Méndez como alcaldesa de ciudad de Panamá, Varela habrá convertido al Partido Panameñista en la víctima de la ambición del nuevo rico Martinelli y su tropa, su imagen habrá mejorado en muchos puntos ante los ciudadanos y el Gobierno habrá conseguido algo que parecía imposible: unir a los panameñistas ante un enemigo común, en lugar de cebarse en sus batallas internas.

El error en el cálculo político de Martinelli es pensar que el amor del electorado es eterno. No es así. Una de las características del sistema clientelista que domina la política criolla es que el elector vota por quien le ofrece más en cada momento. No es un voto ideológico, tampoco la confianza en un proyecto político.

Si no me creen, pregúntenle al PRD. Hay que recordar que Martín Torrijos abandonó el poder con 53.9% de aprobación popular, pero eso no le sirvió de nada a su partido para continuar en el poder. Primero, por el perfil de la candidata presidencial que echaron al cuadrilátero electoral; pero, también, por esa creencia casi religiosa de los panameños en la alternancia de poder, no porque confíen en que “otro” partido lo vaya a hacer mejor, sino porque saben que cambio de opción significa miles de nuevas oportunidades de empleo-botella, nuevos contratistas, nuevas corruptelas y, por tanto, un panorama donde el perjudicado durante una administración puede encontrar cobijo en la nueva.

Por esto creo que Martinelli se equivoca. La única oportunidad que tiene Cambio Democrático de mantener el poder es que Martinelli se presente de nuevo y, para ello, tendrán que seguir con este golpe de Estado lento, pero contundente que llevan trabajando desde que llegaron a Las Garzas. Al pueblo panameño no le gustaría esto: ya conoce de caudillos y mesías y no gusta de totalitarismos. Así que, lo más probable, es que igual que CD ha visto engordar sus filas se someta a una operación involuntaria que lo adelgace, como a Chello Gálvez o al casi exalcalde de la ciudad de Panamá. Los mismos diputados saltarines que se han hecho martinelliñistas cambiarán de camiseta sin pudor y lo único que quedará del actual presidente es el recuerdo de un lenguaje grosero y de una corrupción galopante. Nada más.

Y ahí estará Varela. Esperando, agazapado, como niño que no ha roto un plato, como víctima que para ayudar al país no quiso profundizar la crisis institucional provocada con su expulsión del Ejecutivo. El PRD también entra en la fórmula. Aunque no tiene ningún buen candidato, tiene experiencia de sobra en esto del clientelismo como para movilizar bases. Jugar a la contabilidad política es arriesgado pero, al menos, es divertido en este triste panorama de la política nacional.

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