GOBIERNO

Corrupción, causa de atraso: Jaime Correa Morales

Corrupción, corrupción, corrupción, es la palabra de moda en los medios escritos, hablados y televisados. No es ningún secreto que cuando los gobiernos son corruptos y priorizan los intereses de sus dirigentes o de sus partidos políticos, por encima de aquellos del país y de sus ciudadanos –a los que se supone deben servir– se produce atraso y miseria en los pueblos, como fue el caso en Panamá durante la dictadura militar.

Basta recordar la situación del país cuando finalizó esa nefasta dictadura, el 20 de diciembre de 1989, pues los bancos tuvieron que cerrar, no había dinero y los salarios y cuentas se pagaban con papeles. La economía local estaba en decrecimiento, o sea, en franca recesión; la deuda pública se multiplicó en 1.750% durante esos 21 años, de 400 millones a 7 mil millones; no había prensa libre y solo se respetaba la decisión del dictador de turno.

Y para rematar este tétrico pantallazo histórico, vino el saqueo posinvasión –provocado por ellos mismos– que terminó de arruinar el comercio y a casi todos los ciudadanos. No obstante, esto último de la invasión fue un gran mal necesario para que pudiéramos recuperar nuestra libertad, democracia, economía, institucionalidad, dignidad y mucho más, que nos habían arrebatado.

A partir de ese momento y a través de gobiernos de diferentes partidos, incluyendo al propio PRD –aunque ya bajo un esquema democrático– el país empezó a recuperarse con rapidez, en todo sentido, al punto que hoy somos el que mantiene los más altos estándares económicos de América –no solo la latina sino también la angloparlante– y uno de los más altos de todo el mundo, hasta con grado de inversión otorgado desde 2011 por las tres principales calificadoras de riesgo mundial, a pesar de las fallas de uno u otro aspecto, usuales en cualquier gobierno.

Si la corrupción gubernamental produce tantos destrozos, ¿cómo se explica que durante los últimos cinco años en Panamá a pesar de tanta corrupción, el país haya logrado tan enorme grado de prosperidad? ¿Será que poseemos un secreto que el resto del mundo aún no ha descubierto, para lograr todo esto?

Tampoco es entendible cómo, si en el gobierno recién pasado hubo tantos robos, desfalcos, sobrecostos, etc., fue posible realizar tan enorme cantidad de obras de infraestructura, sin endeudarnos más de lo que permite el producto interno bruto, y así haber incluso mejorado nuestra calificación a BB+.

El objetivo del presente escrito es que se respete el imprescindible principio de “presunción de inocencia”, porque la percepción de corrupción extrema que, de forma anticipada e innecesaria, proyectamos a través de los medios y que trasciende hacia el extranjero, lo que logra es inducir a los inversionistas a buscar países alternativos, y ello sí que podría iniciar la desaceleración económica que inclusive podría convertirse en una recesión que perjudicaría a todos los ciudadanos.

Hace poco conversé sobre este tema con mi amiga y colega economista Natasha Sucre, quien me comentó: “El desarrollo de un país es inversamente proporcional a su grado de corrupción”. Más claro ni el agua de la tinaja, como hubieran dicho mis ancestros pariteños.

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