ABUSO POLICIAL

Si aquí llueve, en Costa Rica no escampa: Dicky Reynolds O´Riley

Costa Rica para muchos es la Suiza de América, basta ver sus avances en cuanto al tema de la democracia, por ejemplo, la abolición del ejército, la cultura, la educación de sus pobladores, el juzgamiento a sus gobernantes y su retahíla de derechos sociales; esa es su carta de presentación.

He aquí una historia de terror de los ticos que se filtró, gracias a la tecnología de la redes sociales, que a más de uno ya han pescado. Cito el texto para entrar en el tema: “Traten de no darle a las patas, porque se van y salen a la calle y dicen que ustedes trataron de dispararles... algo así como que les peguen en la cabeza para que no se puedan ir de la escena del crimen”. Es la transcripción de un audio en el que se daba órdenes para desalojar a un grupo de precaristas en dicho país hermano, supuestamente, por parte del comandante de los Chiles, Alajuela, Efraín Sanabria.

En ese país, con todos los frenos y contrapesos para asegurar su democracia, se dan este tipo de tropelías. Allí la Isla de la Fantasía parece haberse filmado, por la felicidad que se exporta más allá de sus fronteras o cuando se dice que su sistema es lo más próximo a un estudiante de cuadro de honor en la escuela de derechos humanos. Pues bien, en ese país se formó un debate entre legistas señalando que hay que probar si esa es la voz del emisario; y me imagino que si se comprueba, entonces le buscarán el sentido semántico a la orden y esbozarán otros argumentos para “decir que yo no dije lo que dije”.

Traigo a colación a Costa Rica para que los panameños nos veamos en el espejo de la arbitrariedad y sometimiento que producen las armas. Se vende la idea de que su policía es civil y desarmada, esa es la pastillita dorada. Para paliar la salida del tiesto por parte del oficial se le abrió un expediente disciplinario por abuso de autoridad, se le retiro el arma de reglamento y se le confínó a una celda, por orden de Juan José Andrade, director de la Fuerza Pública.

Episodio similar ocurrió en Suráfrica, cuando la Policía sofocó una reunión de mineros y, para justificar su acción, les colocaron armas a los muertos y alteraron sus informes dando a entender que representaban un peligro para su integridad, la de los policías. No hubo explicaciones a los tiros por la espalda, los de gracia, etc. Por suerte, la ley no se dejó confundir.

Habrá quienes dicen que se ven fantasmas del pasado. ¿Será que las apariencias engañan? Me ha tocado trabajar con ellos y sé de qué son capaces. Actitud similar tuvieron nuestros gendarmes al sofocar los problemas en Bocas del Toro, Chiriquí y Colón, así como el uso descomedido de la fuerza contra la población protestante, el incendio y la muerte de los menores en el Centro de Resocialización, aparte de una u otra rociadita de gas y bofetadas a la “gente de a pie” por cualquier quítame esa paja o, en otrora, si no le gustaban tu corte de cabello te sometían a su barbero oficial para que te vieras decente. El despliegue de fuerza que realizó la Policía Nacional en los desfiles de las fiestas patrias no fue más que eso, mostrarnos sus fuerzas; no había un ápice de civismo ni patriotismo. Hay que inculcarles que ellos no son la ley, sino agentes de esta, y quitarle protagonismo en tareas que no son de su competencia, integrarlos como un estamento más, como serían los bomberos por ejemplo. Su labor de proteger y servir, como reza su lema, debe estar encaminada a combatir la delincuencia y ese debe ser el norte de su capacitación policial, en la que debe primar su principio de autoridad y no volver al policía de “pito y tolete”, sino al profesional custodio de la seguridad ciudadana.

Este tema causa escozor en la sociedad, porque la inseguridad está ganando terreno por el desvío de funciones, no por la falencia de recurso humano ni material. En este renglón no se escatima la inversión, so pretexto que es el talón de Aquiles de los problemas que aquejan al país. Amén de los beneficios laborales justos de los cuales gozan, que deberían extenderse a todos los ciudadanos, para evitar que se les conozca como una casta, y erradicar la percepción de que hay fueros y privilegios, lo que prohíbe la Constitución Nacional. Solamente le falta el lazo para que parezca regalo.

Hay que ser autocríticos en cuanto a la llamada sociedad civil que no incide en asuntos que afectan a las comunidades en general, sino los que les interesan en su agenda; con ello descuidaron la inserción solapada de los militares en los asuntos nacionales como elementos deliberantes, desde la simple reunión de un club de padres de familia o, para muestra un botón, en la Comisión de Desarrollo Integral de Darién. Ellos, los policías, se cobijan con un argumento que no deja de tener validez, los civiles, por su incapacidad, son los que nos buscan para dilucidar sus conflictos. En otras palabras, “nos invitan a la fiesta”. Además, no son dados a auditar ni reconocer sus errores y se escudan a la obediencia jerárquica, como salvavidas, cuando son perseguidos por la ley para que rindan cuenta. Habrá que esperar el escenario político del 2014 para saber si estarán en la esquina neutral durante la contienda electoral.

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