REFLEXIÓN

Sobre el Crisol de Razas: Jerónimo Ramírez Villaba

La Constitución establece claramente que los panameños lo son por nacimiento o naturalización. Lo son por nacimiento los hijos de panameños o de extranjeros naturalizados y residentes en nuestro suelo, de acuerdo al cumplimiento del ordenamiento jurídico vigente.

Desde la época colonial, Panamá se pobló de inmigrantes europeos. Luego durante las obras de construcción del ferrocarril y el Canal, extranjeros de diversas razas se fueron integrando como parte de nuestra nacionalidad. Es probable que de ahí surgiera el nombre del programa de Migración para regularizar a miles de extranjeros en el territorio nacional.

Es necesaria la discusión que se lleva a cabo en la Asamblea Nacional para regular, mediante una clara política de Estado, el futuro de las migraciones en Panamá. Son muchos los extranjeros, de todos los estratos sociales, que viven y trabajan aquí. Entre estos hay jubilados a los que les resulta rentable vivir en Panamá, porque aumentan su poder adquisitivo. El territorio nacional atrae además a inmigrantes autoexiliados que vienen a invertir y vivir en un país que consideran más democrático y libre que el propio. Son empresarios y profesionales valiosos que ayudan el desarrollo de nuestra economía.

Pero también hay personas que, sin ser refugiados, trabajan en sectores informales y del comercio al por menor, cuyo ejercicio está autorizado solo para los nacionales. Entre estos vemos a empacadores de supermercados, agentes de seguridad, buhoneros, vendedores de comida en la calle y otros trabajos similares, que compiten con los nacionales. Todo esto en un país con un elevado índice de crecimiento económico, pero un porcentaje muy alto de pobreza.

También, a nivel gerencial, hay empresas que importan a sus ejecutivos. Algunos desconocen el manejo de las leyes laborales y tratan a los “colaboradores” como meros peones, título ya en desuso. Sería interesante conocer estadísticas del Ministerio de Trabajo de las citaciones a determinadas empresas, de los despidos injustificados, pagos imprecisos de prestaciones, cobro de utilería dañada o extraviada a precios muy superiores a su costo y, principalmente, del trato descortés y prepotente.

Las leyes migratorias no solo deben prever la expedición de permisos, sino la forma expedita de su cancelación, cuando los titulares no cumplen con las prácticas establecidas en los permisos de trabajo.

Una feria de naturalización no es suficiente para medir si los extranjeros llenan los requisitos para dichos permisos. Es necesario una evaluación más detallada, y aprobar o rechazar la solicitud, si es el caso. Esto solo se puede hacer con la participación de profesionales del derecho, quienes deben ser los apoderados de cada peticionario.

Un gobierno arnulfista debe hacer honor a su doctrina “Panamá, para los panameños”. Que sean bienvenidos todos los extranjeros que el país necesita, pero sujetos a una evaluación crítica y justa.

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