AUTORIDAD DE TRÁNSITO

¿Cuidando vidas o recaudando?: Javier Barrios D.

En 1970, un sábado de Carnaval, a las 4:30 a.m., cinco compañeros universitarios partimos hacia Las Tablas. En la entrada de La Chorrera nos detuvo un policía, porque el bombillo de una lámpara trasera del Renault Caravelle estaba quemado. No nos puso la boleta, pero nos advirtió que solo cuando saliera el sol podíamos reanudar el viaje.

Era una época paradisíaca comparada con la actual, hasta que Noriega y la invasión nos la arrebataron. A partir de esa hecatombe, la pérdida de valores, la delincuencia, el tráfico y consumo de drogas, la corrupción, desorden, irrespeto a la autoridad en general, etc., fueron aumentando hasta nuestros días. Así es como llegamos al caos del tránsito, agravado con el aumento del número de autos, el desenfrenado desarrollo inmobiliario, el Gobierno construyendo todo a la vez y con una policía de Tránsito que se quedó rezagada. Lo que ocurre es inaudito.

Cuando surgió la fiebre de los semáforos “inteligentes” pensé, al fin van a modernizar el sistema, pero como no han instalado todos ni se han tomado las medidas complementarias que esto exige, la “ola verde” (sincronización de semáforos) no puede funcionar. El sistema ha demostrado ser efectivo desde hace medio siglo en pequeñas y grandes metrópolis. Después anunciaron que instalarían cámaras (supongo que igual de “inteligentes”), imaginando yo que escogerían sitios estratégicos para agarrar a los asesinos del volante que cometen toda clase de desmanes en las intersecciones, aunque haya semáforo; cuál fue mi sorpresa, al percatarme que las ubicaron a la salida de las autopistas y en avenidas amplias, lejos del problema. Actuando solapada, premeditada y alevosamente, terminaron instalando unas “cajas DGI” con fines “tributarios”, incluso ofreciéndole pingües ganancias a la concesionaria.

Desde que ampliaron la Interamericana, en loma de Campana se han volcado tantas mulas y camiones, que ya tierra allí no hay, sino un guacho de cervezas, sodas, frutas, verduras, cemento, arena y... “ñame”. Igual ocurre en Loma Cová. Yo viajo mucho al interior y jamás he visto un patrulla justo antes de esas curvas, salvo bajando Campana recién abrieron la ampliación. ¿Saben la razón?, porque eliminaron de allí las señales de velocidad máxima, en cambio, velan porque sean visibles en las salidas (entradas) de los pueblos, donde no fallan los patrullas. ¿Está allí el problema?

Jamás en la curva del hundimiento en la vía oeste del Centenario, hacia la capital, he visto un patrulla, sino que lo ubican estratégicamente antes del puente, donde hay la señal de 80 km/hora, precisamente, donde los tres carriles reducen las probabilidades de accidentes. En una ocasión, después de permanecer buen rato en la fila de un retén me pidieron la licencia. Le pregunté al agente, ¿Buscan a un delincuente calvo, con escasas mechitas blancas, de 62 años, en una camioneta gris? Me contestó: “no”; pregunté, ¿entonces por qué me pide la licencia? Contestó: “Es rutina, señor”. Le dije, su “rutina” no parece efectiva y agregué, ¿sabe Ud. cuándo deben verificar si la licencia está vencida?, al momento de obtener el revisado y la placa. Me dijo: “Ah, ese es problema del Municipio”. En resumen, los policías de Tránsito (generalizo, pues hay de todo) no están donde deben ni hacen lo que tienen que hacer; los “policías muertos” hacen mejor trabajo, pero, anárquicamente, han instalado tantos, que el MOP estará pensando cambiar las especificaciones de las calles haciéndolos obligatorios, pues, al fin y al cabo, esto es de locos... ¡Mejoren!

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