EL MALCONTENTO

Cultura contra la mafia: Paco Gómez Nadal

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Los cinco años de la administración Martinelli han dejado muchos “legados”. Casi ninguno bueno, pero el peor, me atrevería a señalar, es el de la cultura inculta, el del estilo mafiosillo que ha marcado los actos públicos, el desprecio por la identidad y la suplantación con un estilo neobarroco y zafio que transmitía una imagen del país reducida a culecos y patochadas varias encabezadas por el ahora quejoso expresidente.

Mientras eso ocurría en la superficie visible, por debajo, la sociedad panameña seguía trabajando y soñando, un poco al margen de esa locura tan loca, tan chabacana. Ahora, podemos ver algunos de sus frutos y es para sentirse orgullosos, para celebrar que la mafia oficial no pudo con la cultura resistente.

Escribo hoy sobre esto porque llevamos días de buenas noticias. La presentación del documental Héroe transparente, del cineasta guna Orgun Wagua, en Penonomé y su gira por pequeños espacios de resistencia campesina muestra la energía y calidad de un equipo joven que sí es consciente de su historia y que devuelve a su gente aquello que han recibido (la memoria digna de Victoriano Lorenzo) al conectarlo con las actuales luchas de defensa del territorio y de la identidad.

Casi al mismo tiempo, se conocía que el dramaturgo Winnie T. Sittón conseguía una masiva financiación ciudadana para poner en pie su proyecto teatral El ahogado, ya en cartelera y que hace justicia a una de las mejores novelas panameñas, escrita por Tristán Solarte (Guillermo Sánchez Borbón). A Winnie lo conozco desde hace años, como a Orgun, y de ambos rescato la tenacidad, la lucha contra un contexto hostil a la creación artística y tan amigo de la especulación económica y el asfalto.

Memoria viva, memoria recuperada, memoria reinterpretada para saber quiénes somos, de dónde procedemos, cuáles son nuestros lastres y fortalezas. En esa misma línea, el trabajo de Abner Benaim en Invasión. No era fácil abordar ese momento histórico que parece borrado de la historiografía oficial de Panamá y que Abner, apoyándose en la osadía, ha logrado reposicionar desde las pantallas de los cines.

Con una fórmula atrevida también lograron Guido Bilbao y Enrique Castro Ríos mostrar la historia de la brutal agresión a los ciudadanos y al patrimonio del gobierno de Martinelli y su cinta costera 3. La Fábula, esa cinta que fusiona realidad, humor y denuncia, estará en el Festival de Cine de Bogotá.

Son todo buenas noticias y no llegan solas... el cine panameño está en un momento dulce, pero hay otras gentes trabajando en el sector de la música, o en el rescate de la identidad afropanameña o convocando encuentros de poesía indígena y afro, o editando en cartón lo que no tiene espacio en los anaqueles del mercado.

La cultura de base panameña se mueve y lo hace casi sin ayuda, con el combustible imprescindible de la convicción y el compromiso.

Por eso no suena a locura la postulación de Panamá como Capital Iberoamericana de la Cultura para 2019 por parte de la Alcaldía. Sería la confirmación de que se intuye una política cultural por parte de unas instituciones que han dejado de creer que cultura es sinónimo de festejo y que festejo es sinónimo de clientelismo político.

Ojalá la iniciativa municipal no sea solo un brindis al sol, ojalá que se traduzca en un plan de desarrollo y de apoyo a creadores y difusores de la cultura que supere el marco del centralismo. Ojalá que se contagie el Inac y que desde sus oficinas se pueda ayudar a integrar a todo el territorio nacional y apoyar la siembra de la sociedad civil que, por su cuenta y contra las administraciones, ha mantenido vivo el espíritu creativo de este país.

Los políticas públicas culturales de éxito no se basan (solo) en sus dotaciones presupuestarias, sino en la voluntad política, en la valentía conceptual y en la apertura a todas las formas de creación. La primera labor de las nuevas autoridades debería ser agradecer al rico tejido cultural su trabajo y, a partir de ahí, sumar a un diálogo constructivo a todos los sectores de esta diversidad humana que hace de Panamá un lugar tan especial.

Ahora que desde California nos anuncian que el Canal de Panamá ya será pequeño cuando termine de ampliarse, toca pensar en la cultura como un nuevo sector productivo, dinámico y pujante que puede ayudar a la ciudadanía a salir de la pobreza (cultural), mover el turismo y generar lucro económico y social.

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