AÑO INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES

Deforestación en marcha: Carlos Guevara Mann

¿Quién que posea una mínima dosis de sensibilidad no se ha conmovido al contemplar la verde intensidad de nuestra selva tropical, engalanada, según la temporada, con los colores de un guayacán, un roble o un madroño florecido? Pero el bosque tropical provee mucho más que una gratificación meramente estética. Es un sistema vital para la subsistencia humana.

Con mucha justificación, la Organización de las Naciones Unidas declaró a 2011 como el Año Internacional de los Bosques. Como lo señaló, al inicio del año, el presidente de la Asamblea General, Joseph Deiss, centenares de millones de personas dependen de los bosques para su vida cotidiana. Sin embargo, añadió: “Cada minuto que pasa desaparecen unas 25 hectáreas de floresta”.

De forma simultánea al inicio del Año Internacional de los Bosques, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dio a conocer la edición más reciente de su informe titulado Situación de los bosques del mundo. Según el texto, entre 2000 y 2010 la cobertura boscosa de Panamá disminuyó, en promedio, en 12 mil hectáreas por año.

La deforestación es una trágica realidad en nuestro país y en ella encontramos la raíz de problemas sumamente delicados que deben ser atendidos por los gobernantes. A pesar de lo que se ha avanzado en años recientes para sensibilizar a la población acerca de la necesidad de preservar el medio ambiente, aún no existe en Panamá plena conciencia de los múltiples e invaluables servicios que árboles y bosques proveen a la humanidad.

Al respecto de estos servicios, hay quienes proponen un cambio radical en el cálculo del producto interno de los estados, según el cual se asignarían valores razonables a los aportes que los bosques realizan al bienestar humano. Habría, por ejemplo, que contabilizar la contribución de ecosistemas como los manglares, despreciados y asediados en nuestro medio, que –sin embargo– filtran sedimentos y otros elementos, impidiendo que estos lleguen al mar y sirven de barrera contra inundaciones, de hábitat de especies muy particulares y de fuente de alimentos para personas y animales.

Los manglares y otros bosques previenen la erosión, cuyas consecuencias para la producción de agua potable y para otras actividades humanas son considerables. El grave inconveniente de la sedimentación de las fuentes de agua del área metropolitana, cuyas repercusiones impactaron duramente a la población en diciembre de 2010, tiene en gran medida su origen en la pérdida de la cobertura selvática en la zona de tránsito y sus alrededores.

La deforestación se manifiesta en muchas partes del país, entre ellas el este de la provincia de Panamá y el Darién. Quien viaje a esas regiones del país se percatará, inevitablemente, del acoso a que se ha sometido a la naturaleza en esos lares. Grandes extensiones de bosque han sido y siguen eliminándose para dar paso a pastizales, con grave perjuicio para el medio ambiente, tal cual lo narra, en su interesante estudio de la migración interna titulado De selvas a potreros, el Dr. Stanley Heckadon Moreno.

Diariamente, camiones con tucas atraviesan la vía Panamericana desde Darién hacia Panamá, con rumbo a los aserraderos de Tocumen. Quien se aventure por las carreteras secundarias y los caminos de penetración los encontrará también en esas vías, transportando especies cotizadas, como el cocobolo, cuya exportación hacia el Oriente ha experimentado un auge significativo.

Los efectos de la deforestación en gran escala son diversos e insospechados. El 5 de febrero del año en curso, un reportaje de este diario abordó la lamentable situación de la Laguna de Matusagaratí, el humedal continental más extenso de Panamá, que forma parte de la Reserva Hidrológica del Filo del Tallo, en la provincia del Darién.

El menoscabo sufrido por el humedal a raíz de repetidas agresiones contra su integridad ecológica ha tenido deplorables consecuencias en el medio ambiente y la economía de la zona, entre ellas, una merma en la disponibilidad de camarones, cuya pesca constituye el modus vivendi de muchas personas en las inmediaciones de la laguna.

El Gobierno Nacional debe tomar medidas rápidas para combatir el flagelo de la deforestación. Por el bien de nuestro patrimonio natural y la sostenibilidad de la vida humana en nuestro país, es hora de que se preserven los bosques que nos quedan y se inicie una masiva campaña de reforestación, idealmente con especies nativas, para detener y revertir la marcha de la deforestación en Panamá.

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