GOBIERNO

Democracia o ´CDcracia´: Milton Clark

No todos, sino la mayoría de ciudadanos nos preguntamos ¿hasta cuándo aguantaremos la corrupción, la inmoralidad manifiesta, las locuras del gobernante y de (su caterva) otros violadores de la Constitución y la ley, como son ya conocidos muchos de los que integran otros órganos del Estado?

Como ciudadano, me siento con el derecho expresar mi opinión en vista de la pestilencia, la desigualdad, la ignominia y el país que nos queda. ¿A qué límites nos lleva el llamado “loco de la Presidencia” y sus secuaces, cómplices de toda esta patraña de inmoralidad?

Me permito llamarlo así, porque no me queda otra forma de expresar mi descontento ante los hechos que se comentan en la calle y se muestran a través de medios serios e imparciales, que no reciben salario del gobernante. Además, por las cuñas que estos medios se ven obligados a transmitir en virtud del derecho que le cabe a los promotores de dicha propaganda que pagamos con nuestros impuestos, aunque no nos guste.

¡Qué burla más grande hace el gobernante a todos los que no somos zombis, ni estamos dormidos! Fue hace 24 años, en 1989, que nos libramos del yugo militar. Antes de eso no había democracia y la ley daba tumbos.

El Presidente debe recordar la historia reciente y hacer bien las matemáticas, porque él participó en todos los gobiernos, desde 1994. Lo que sí hizo, en menos de cuatro años, es destruir la conciencia de muchos panameños, la moral, el respeto a las leyes y a la institucionalidad. Sin mencionar lo mal que ha dejado los servicios de salud, el ambiente, la distribución de agua y la recolección de la basura. ¡Todo esto solo le tomó cuatro años!

¿Y qué me dicen de la seguridad ciudadana? Ahora hay más muertos por crímenes relacionados con las drogas, robos, violaciones y secuestros que hace tres años. Y, por si fuera poco, los policías matan a civiles desarmados en Colón y a niños inocentes, sin ninguna explicación lógica.

Ha endeudando el futuro de la nación hasta cuatro veces más que cualquier gobierno pasado desde 1989. Ya no sabe de dónde sacar más recursos para sus proyectos no financiables, por eso aplica nuevos impuestos. ¡Ahora le toca al pueblo pagar!

Una cosa sí ha hecho bien el gobernante: comprar a los miembros de otros partidos, a los disidentes de aquellos que ya desaparecieron o están por desaparecer y a otros, dizque independientes, para restarle fuerza a la democracia que debe prevalecer con el balance entre los poderes del Estado, y que evita que los gobernantes pasen por encima de la voluntad popular utilizando a esos que se dejaron comprar e intimidar para promover leyes inconsultas e impopulares, que violan el derecho de todo ciudadano que no esté en su fila de beneficiarios.

En el reportaje “Corrupción erosiona inversiones” (La Prensa, 8/11/2013), se dice que “los contratos de obras públicas y el sector de la construcción son las actividades más proclives al pago de sobornos”.

Sobrecostos, coimas, amiguismos, nepotismo, y otras prácticas ilegales no éticas, corruptas de este gobierno han sido la moda, como mal se habla ahora. El Metro, los pasos elevados, túneles, algunas carreteras y hospitales a medio terminar. ¡Qué bien! ¿Y detrás qué vendrá?

La ciudad crece, la bomba social amenaza con estallar, hay más indocumentados, se incrementa la necesidad habitacional, la demanda de agua, electricidad, recolección basura, y surgen más enfermedades (dengue) a consecuencia de la contaminación y la reducción de áreas verdes en la ciudad.

Al igual que yo, muchos piensan que se busca promover el crecimiento de los negocios que le convienen al mandatario y a sus amigos, actitud avasalladora que puede causarle problemas más adelante. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de Lucy Molinar, la educación es un tren a punto de descarrilarse.

El Presidente no ha contribuido a mejorar su imagen. Nos cae mal su propaganda, (Sr. Martinelli) por la baja moral con la que la se expresa, valiéndose de recursos viles, burlándose y mintiéndole al panameño, pero eso es ya costumbre suya.

A pesar de que en las cuñas se expresa con mucha cordura, la realidad es otra. Como bien lo menciona María (del Carmen) Dolores Medina, en su artículo de opinión, titulado: “La locura de Martinelli hay tomarla en serio” (La Prensa, 8/11/2013), creo que puede ser que él ha perdido la noción de la importancia de normas como las leyes y los derechos individuales. Personas como él, dice que parecen tener un grave cuadro de (mente) personalidad antisocial que los hace rehuir a las normas preestablecidas; no saben o no pueden adaptarse a estas.

Por eso, a pesar que saben que actúan mal, lo hacen por impulso para alcanzar lo que desean, cometiendo en muchos casos delitos graves.

El mal ejemplo del que se supone es la cabeza de este país, es imitado por algunos políticos y figuras públicas que se conducen como si no les importara nada. Esto nos hace(n) pensar que ya no existe la honra, el honor, la lealtad ni moral alguna, y que el único lema o meta es seguir en el poder y lucrar de este.

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