EL PAPEL DE LA PRENSA

Derivación de un diálogo: Domingo M. González

Me refiero al Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, de Maurice Joly, obra perteneciente a la literatura política que, por su valor, muchos debieran leer, no como curiosidad histórica, sino para poder entender el carácter de algunos hombres una vez ascienden al poder político; como dijera una vez Abraham Lincoln: “Denle poder al hombre y conocerán su carácter”.

La obra alcanza el pensamiento político de ambos protagonistas; sin embargo, voy a referirme a la consideración y uso que ambos dan a la prensa. Mientras Maquiavelo piensa que esta tiene el talento de hacerse aborrecer, porque es venal, injusta, denigra por conveniencia, carece de generosidad y, lo peor, porque jamás la gran masa de un país sabrá para qué puede servir; para Montesquieu, la prensa sencillamente impide la arbitrariedad en el ejercicio en el poder, obliga a gobernar de acuerdo con la Constitución, “conmina” a los depositarios de la autoridad pública a la honestidad y al pudor, al respeto de sí mismo y de los demás. En pocas palabras, proporciona a quienquiera se encuentre oprimido, el medio de presentar su queja y de ser oído, por lo que mucho es lo que puede perdonarse a una institución que en medio de tantos abusos presta necesariamente tantos servicios.

Al parecer, los dos conceptos tienen sus discípulos; sin embargo, en lo personal, siento que los de Maquiavelo solo florecen en dictaduras y “señoríos”; cuando la unidad moral de la patria desaparece, y se afanan viles apetitos de mando y enriquecimiento. Por ello, creo, que el periodismo juicioso y honesto, expuesto por Montesquieu, es el que todo periodista digno debe preservar siempre, aun con la presencia del antónimo periodismo de Maquiavelo.

Discernir los pensamientos referidos, nos lleva a suponer que el origen del periodismo a ultranza desarrollado por el Mandatario del “Palacio de la Farsa” obedece a hacer suyo lo expresado por Maquiavelo en el diálogo: “Los gobiernos perecen, casi siempre, por obra de la prensa, por lo tanto, mi gobierno se hará periodista, será la encarnación del periodismo”; es ley para cualquier poder que pretenda subsistir. No obstante, la memoria histórica nos revela que el ejercicio del periodismo maquiavélico supuesto ya fue tolerado y rechazado en dictadura. Lo que Ersa, el Panamá América, Crítica, La República, El Matutino y La Estrella de Panamá significaron para la dictadura militar, es lo que el propio Panamá América, Crítica, Día a Día, PM, Metro Libre y La Opinión, sin excluir los canales televisivos Plus, y Nextv, representan para el “señorío” de hoy: “periódicos y medios oficiosos”, como dice Maquiavelo, cuya misión es ganar esa masa de hombres tibios e indiferentes, que aceptan sin escrúpulo lo que está constituido, y terminan hablando la misma lengua.

Juzgue semejanza o parecido alguno, visto por usted, con algunas prácticas del periodismo maquiavélico contenido en el diálogo que revelo a continuación: “Aplicaré a los periódicos presentes y futuros medidas fiscales; procuraré excitar y adormecer lo verdadero y lo falso anunciando un hecho para luego desmentirlo; infligiré, de ser necesario, el repudio más violento al periodismo enemigo; pondré de relieve los errores de quienes me precedieron, creando de este modo una antipatía contra ellos, lo que terminará por resultar irreparable, como un expiación; y lo peor, cuando haya algún gran negociado vidrioso en demasía, cuando un funcionario público cometa alguna fechoría, daré orden de que se prohíba a los periódicos comentar tales sucesos”... la moraleja es suya.

Sirva los diálogos undécimo y duodécimo de la obra en cuestión para cavilar acerca del periodismo honesto y digno concebido por Montesquieu, y rechazar el vergonzoso periodismo creado por Maquiavelo, asimilado en dictaduras y señoríos y ejecutado por “gladiadores” periodistas. Son los agoreros gubernamentales y no los periodistas quienes no divulgan fácilmente el secreto de sus oráculos; por ello, el periodismo investigativo y la discreción profesional del periodista sufren la consecuente presión. Honremos al periodista, como al periodismo honesto, nacional e internacional, que arriesgándolo todo, incluso su vida, procura proveernos la verdad.

Que los señoríos del siglo XXI, de aquí y allá, acometan contra el periodista y los medios “enemigos” es propio y conveniente para quienes pretenden subsistir en el poder.

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