PLANEAR PARA EL FUTURO

Desarrollo sostenible y seguridad agroalimentaria

Hasta hace unos siglos la población era poca y no se afectaba la abundancia de los recursos naturales; esto hacía la vida un poco más equilibrada y sana, pero a medida que el hombre fue tomando en serio el concepto “religioso-biológico de multiplicaos”, aumentó la necesidad de consumir más alimentos, vestidos, transporte y vivienda. Pero el advenimiento de la era industrial y el uso del petróleo trajo consigo la contaminación del ambiente.

El uso de los recursos naturales se constituye, pues, en una cuestión de implicaciones políticas, económicas y religiosas de los pueblos, desde los Estados tribales hasta las naciones modernas. Ha prevalecido el concepto de conquista y apropiación de los recursos naturales, que son tomados por la fuerza y, una vez logrado ese objetivo, se promulgan leyes absurdas que protegen a los usurpadores, desconociendo el derecho natural de los pueblos.

Haciendo un parangón, Homero, en La Iliada, señala que París “se robó” a Helena, lo que no es del todo cierto. Si leemos con detenimiento esta obra nos damos cuenta de que la verdadera intención de los griegos era apoderarse de las riquezas y posición estratégica de Troya. Las guerras se inician por intereses económicos, políticos y expansionistas, no por romances caprichosos, y son autorizadas por reyes, faraones, emperadores o presidentes, quienes fraguan sus intervenciones desde sus dominios.

El acaparamiento de los recursos naturales y de los alimentos afecta gravemente a las clases marginadas que no cuentan con el poder adquisitivo para pagar los servicios básicos. El incremento del costo de todo les impiden tener una vida digna. Aunque se han tomado algunos paliativos, los resultados se verán a futuro, siempre y cuando los gobiernos que siguen les den continuidad, pero llegará el momento en que esto será insostenible.

Diversas organizaciones reportan que muchas personas mueren de hambre cada año (principalmente niños), porque no tienen acceso a alimentos, agua potable, vivienda ni a educación competitiva y pertinente que les permita romper ese círculo de pobreza; muchos no tienen trabajo y cuando lo encuentran se les niega porque no responden al partido político que detenta el poder. Muchos fallecen por falta de una vacuna que cuesta centavos, mientras los gobiernos se gastan millones inventando guerras contra lo que sea, con el fin de cimentar su hegemonía o haciendo infraestructuras fútiles que les permita vanagloriarse de sus obras.

¿Habrá suficientes recursos naturales, alimenticios y económicos para sostener a los 7 mil millones de personas que habitan el planeta? Expertos en economía y agronomía sostienen que sí los hay; lo que pasa es que están en manos de unas pocas familias y algunas han obtenido sus fortunas ejerciendo funciones públicas, con honrosas excepciones.

Hay que considerar, además, el crecimiento de la población. En pocos años nuestra madre tierra no podrá alimentarnos y se entablarán guerras por comida, por agua y por petróleo, llegando quizás hasta el canibalismo, si no se toman medidas ante la desproporcionalidad del aumento de la población; aunque este es un tema escabroso con tintes religiosos.

Observemos un fenómeno general que sí refleja el nivel educativo y cultural: los que menos tienen son los que más hijos procrean. Esto crea un desequilibrio en el desarrollo de toda sociedad, porque la mayoría de sus miembros no tendrá un futuro promisorio. Este sector, en ocasiones, invade los espacios naturales que, por desgracia, serán los que a futuro les darán agua, alimentos y aire puro.

Los expertos señalan que de seguir la pesca indiscriminada en los océanos, para el año 2048 no habrá alimentos marinos que ayuden a paliar el hambre de la población. De cara a esto, deben implementarse políticas serias de protección, y ser cuidadosos con el manejo de este recurso, que actualmente cubre un porcentaje significativo de la alimentación mundial.

Hablando de desigualdades, Panamá tiene el “subcampeonato latinoamericano” de la peor distribución de las riquezas, prueba de ello es que a la fecha no ha cumplido con ninguno de los ocho objetivos del milenio de la ONU. Chile, en cambio, ya cumplió con tal reto y eso que faltan cuatro años para la verificación de cuentas en 2015. Además, entre pobreza y pobreza extrema, Panamá suma alrededor del 40% de la población; un adefesio para un país con tanta riqueza y tan poca población.

Nuestros recursos naturales, que son de uso colectivo por ley, están en manos privadas y de consorcios extranjeros, por la irresponsabilidad pelechadora de quienes han gobernado el país. La tapa del coco es que han hecho leyes a su medida para justificar su infamia. Habló de playas, islas, bosques, minerías, recursos hídricos, venta de visas, privatizaciones, coimas, etc.

A pesar de la pobreza que campea por doquier, cada año se producen menos alimentos en el país y se importan más, todo por falta de una política agropecuaria coherente; esto pone en riesgo la seguridad agroalimentaria y la paz social.

Los recursos naturales han hecho crisis; recomiendo buscar un equilibrio entre las necesidades de la población y la conservación; explotarlos de manera científica, responsable y ordenada, si queremos asegurar el futuro de las presentes y futuras generaciones.

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