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CRUZADA POR LA PREVENCIÓN DEL DELITO

Descendientes de Pedro Navaja: Álvaro Lasso Lokee

Hace aproximadamente 40 años salió el personaje de Pedro Navaja de las calles de Nueva York, pero ese mismo personaje tenía familia, hermanos y descendientes en casi todas partes del mundo. En Latinoamérica y Panamá no fue la excepción, quizás con algunas variantes y otros aspectos similares que se relacionan mucho.

Pedro Filos, uno de sus descendientes de Panamá, nació en un barrio pobre de la ciudad, sin conocer a su verdadero padre, y se crió con cinco hermanos, algunos con apellidos distintos, pero llevándose uno o dos años cada uno.

En la escuela no fue muy bueno porque no estudiaba, ni lo orientaban en su casa. En su barrio, todos jugaban en la calle y casi nadie terminaba la escuela.

Sus vecinos más grandes les contaban sus experiencias en las cárceles y decían que ya habían pasado la “universidad de la vida”. Algunos vecinos se consideraban los hermanos mayores y modelos de los chiquillos, porque decían que manejaban sumas de dinero y tenían autos, sin estudiar mucho, pero no decían que era producto de negocios callejeros y no regresaban más a sus hogares. En las estadísticas, varios terminaron presos y otros con ajustes de cuentas que alguien les facturó por “jugarle vivo” a una pandilla organizada o porque les obstaculizaba sus metas.

La ley de esas bandas, tenías que formar parte de su grupo o eras su enemigo. Las pistolas y balas las conseguían de forma clandestina para iniciarse y les daban tareas para que fueran bautizados como parte del grupo. Los líderes de las bandas rotaban de acuerdo a cuánto tiempo duraba el líder con vida o libre.

A veces, los que estaban presos, enviaban órdenes para realizar actividades pendientes con mensajeros que se les terminaban las condenas o con familiares que los iban a visitar.

La escuela de Pedro Filos eran sus amigos del barrio y la delincuencia el camino fácil que buscaban. Estudiar y graduarse no era una opción que los alentara a encontrar su futuro. Las becas universales que daban los gobiernos servían para mantener parte de la chinguia, el celular y el alcohol de sus tutores, y otra parte para la comida. En el interior de la ciudad tenía un uso parecido, pero servían mucho para otros propósitos que no eran para la educación de los becados.

En los tiempos de campaña electoral, los aspirantes llegaban a sus comunidades, prometiéndoles el cielo y la tierra, pero al llegar a los puestos de poder no se les vio más por el barrio, excepto cuando hacían obsequios frente a las cámaras de televisión y eran entrevistados como afortunados de sus vecinos.

Pedro Filos se formó en la calle y siguió el camino de sus progenitores, sin poder salir del mal camino, porque no consideran el estudio ni el deporte como opciones para tener un mejor futuro.

El deporte era visto como pasatiempo, y muy sacrificado para seguir los pasos de los grandes atletas. Solo en los veranos, lo practicaban para formar parte de un equipo y después terminaba todo. Faltaban guías y consejeros que los formaran por otro camino, que los llevaran a un destino distinto al de sus padres. Los modelos que habían eran allegados al barrio, que enseñaron el “camino fácil”. El alcohol y las drogas eran parte de los espectáculos que se vieron desde niño en su comunidad, y la falta de educación sexual y de valores hacía que muchas niñas se iniciaran temprano a tener hijos y a contagiarse de enfermedades de transmisión sexual.

Pedro tenía unos vecinos diferentes que lograron llegar lejos y terminar los estudios y convertirse en personas con buen futuro, que encontraron oportunidades y trabajos porque tuvieron familiares que lucharon para que sus hijos no tomaran el mal camino y los orientaban cada vez que podían.

Eso hizo la diferencia de otras historias. Nuestro país tiene distintos sectores que se forman en barrios de pocos ingresos de alto riesgo, que integran parte de las pandillas, e ingresan a la delincuencia, en mayoría en narcotráfico y robo, con pocos años de edad y que los delincuentes mayores de edad los usan para cometer delitos. Muchos vienen de hogares desintegrados y de poca formación con valores y guías que eviten que esos niños tomen un mejor camino, sin aspiraciones a un mejor futuro, ya sea en el deporte, en el arte o en los estudios. El borracho que encontró los pesos y el puñal también dejó herederos con diversidades en la calle que ahogaron sus penas con las drogas al no saber manejar sus frustraciones y penas.

Al parecer, faltan programas sociales que guíen a estos jóvenes por caminos distintos. Es sabido que nacer en un barrio pobre no necesariamente los lleva a ser delincuentes, porque muchos son personas trabajadoras y ejemplos para este país.

Además, en nuestro Panamá hay delincuentes de saco y corbata que cometen muchas fechorías, pero que el sistema judicial les otorga fianzas y casa por cárcel.

Por lo tanto, la delincuencia no se justifica por el origen y raíces económicas que tengan las personas. Depende de muchos factores.

El detalle es la prevención y el sistema de justicia que adoptemos en nuestro país para castigar a los que cometen falta, sin excepción alguna. Lección: más vale prevenir que lamentar.

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