RECUENTO

Deseos de Año Nuevo: Daniel R. Pichel

Termina el año y, como esta es mi última columna, es buen momento para pedir. Dado el desastre que ha sido 2015, tanto en Panamá como en el resto del mundo, me parece prudente que nos adelantemos a los acontecimientos y vayamos abonando el camino de modo que aunque todo indique que las cosas no mejorarán mucho, al menos, hagamos valer aquello de que “la esperanza es lo último que se pierde”. Así que enumeremos algunas cosas que seguramente no ocurrirán, pero sería maravilloso que el destino se distrajera y nos concediera algunas.

Lo primero para Panamá es que finalmente se termine la ampliación del Canal y comiencen a pasar los barcos por las nuevas esclusas. Con todo este enredo del dichoso Grupo Unidos por el Canal ya no sabemos en dónde estamos parados. Además de llevar un retraso importante con respecto a la fecha en que supuestamente estaría lista la obra, lo que parece ser un hecho es que, encima, nos costará bastante más de lo presupuestado. No está claro cómo se resolverán las filtraciones en el concreto ni qué tan serio es el asunto. Para algunos expertos es un tema común en obras en las que se vacían tantos miles de metros cúbicos de concreto, pero para otros es prácticamente el fin del mundo, lo que implica casi que hay que comenzar el proyecto de nuevo. Lo más seguro es que la verdad esté en algún punto intermedio. Confiemos en que los ingenieros del Canal encuentren la mejor solución al problema.

A nuestro sistema de justicia, que termine de sacudirse las telarañas y comience a resolver casos. Tener a un montón de gente con medidas cautelares, pero sin concretar las investigaciones ni los juicios correspondientes, puede ser contraproducente, porque si después de tener a alguien encerrado en una celda, en su casa o en el país, por meses o años, resulta que no hay una acusación concreta o esta se hace tan mal que todo termina en un show mediático, la deteriorada imagen del sistema solo empeorará. Tengan un poco de responsabilidad y resuelvan lo que tienen que resolver. Mantener el país congelado, solo a la espera de condenas y aprehensiones no aporta nada bueno a largo plazo.

Al Ejecutivo, que le donen una buena dotación de café a ver si se espabila, no sería mala idea. Ha pasado año y medio desde que sus miembros tomaron posesión, y la percepción mayoritaria es que no hacen casi nada (el casi es una generosidad de mi parte). Hay quienes piensan que solo es un problema de comunicación, pero otros están seguros de que es un tema de incapacidad y vagancia. Honestamente, no se cuál de las dos posiciones es más seria. Si no me creen, vean los resultados de mediciones en las que ya la mitad de los encuestados piensan que la actual gestión es mala. Por supuesto, siempre queda la alternativa de considerar que las encuestas no son confiables, basándonos en lo que vivimos en las pasadas elecciones. Si eso los hace felices, allá ellos, yo en su lugar tomaría en cuenta los números para establecer un plan de trabajo más efectivo, porque según parece el supuesto proyecto insignia, que sería la línea dos del Metro, no estará listo antes de las próximas elecciones. Lo que adivinen a quién favorece...

Al expresidente Ricardo Martinelli, que 2016 le aclare un poco el horizonte y entienda que tratar de convencer a la gente de que no hizo nada, mientras se niega a afrontar las acusaciones, solo hace que todo el mundo –excepto sus seguidores fanáticos– lo considere culpable. Si, en efecto, no cometió ningún delito y todo es una persecución política, lo mejor que puede hacer, de cara a su imagen propia y la de su partido, es venir a afrontar esas acusaciones. Así habrá ganado mucho más de lo que obtendrá comunicándose por las redes sociales y acusando al país de todo lo malo que le pasa.

Esperemos que los votantes en Estados Unidos tengan la claridad para no elegir a ninguno de los especímenes que está postulando el Partido Republicano. Escucharlos es vergonzoso, principalmente si pensamos que uno de esos tendrá opción de controlar el arsenal nuclear más grande del mundo. Entre el fanatismo religioso, el instinto de pistolero que defienden y las locuras que proponen en cuanto a inmigración, el mundo sería un lugar mucho menos seguro si uno de esos vaqueros llega a la Casa Blanca. Y ya no digamos que sea Donald Trump quien llegara. Ahí si que estaríamos todos en ascuas, imaginando qué locura se le ocurriría al día siguiente.

Esperemos que los venezolanos encuentren un poco de sentido común en lo que resulte después de la toma de posesión de la nueva Asamblea. Maduro y Cabello harán todo por obstaculizar lo que parecen ser los gritos desesperados de una evidente mayoría de la población que quiere acabar con el experimento chavista. Lo principal es que la oposición no caiga en los vicios de siempre y se mantenga conforme a las reglas democráticas. De ser el caso, aunque cueste trabajo, deberían lograr su objetivo.

Y para todos los que están leyendo esto, que el nuevo año les cumpla sus deseos... Nos vemos en 2016... @drpichel

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