AUMENTO DE SALARIOS

Desgraciadamente, no aprenden: Marcos A. Mora R.

Al señor Presidente de la República le asiste la potestad constitucional de dirigir los destinos de la Nación por el tiempo para el que se ha dispuesto su elección. Se presume que lo debe hacer por derroteros de honestidad, sensatez y coherencia. Se da por entendido que, igualmente, lo hará como un buen padre de familia, buscando los mejores intereses para todos y cada uno de sus hijos.

Desgraciadamente, en el actual período de gobierno, el Presidente parece estar predestinado a hacer lo que su real gana le indique y a abrir frentes de discordia, uno detrás de otro, por diversas causas. Hemos visto cómo, en diversas ocasiones y luego de un sinnúmero de muertos y heridos, se ve precisado –junto a su equipo de gobierno– a recular leyes antojadizas que buscaban, fundamentalmente, procurar negocios para los allegados al poder. En esta ocasión voy a adelantar algo que, en corto plazo, alborotará el avispero. El domingo 4 de noviembre, este diario publicó que el Presidente –según el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino– planea equiparar el salario de los comisionados y subcomisionados con el de los ministros y viceministros, ¡nada más absurdo! Esto generará reclamos en el resto de los empleados públicos que esperan que la mirada del excelentísimo se pose sobre ellos, también. Los ministros y viceministros, afortunadamente, son pocos, pero ¿cuántos comisionados y subcomisionados tenemos?

Estoy totalmente de acuerdo con que a los miembros de la fuerza pública, desde hace mucho tiempo, se les debía hacer justicia. Este Gobierno se acordó de ellos y es justo reconocerlo. Pero de allí a que ahora solo sean fundamentalmente ellos los que reciban jugosos emolumentos, es otra cosa. Me queda la siguiente inquietud: ¿Si los comisionados ganarán igual que los ministros, cuál será el salario del jefe de la Policía? ¿Una cantidad similar a la del Presidente? Por otra parte, como ningún subalterno debe ganar igual que el jefe, ¿significa esto que los ministros y el propio Presidente recibirían aumentos? No estoy de acuerdo y tampoco se lo merecen. Este país, quiérase o no, es pobre y no debe darse semejantes lujos. El que se crea mal pagado, entonces, que abandone el puesto y punto.

El señor Presidente ha optado por hacer una repartición de salarios, a diestra y siniestra, sin un plan coherente que evite crear discordias con el resto del funcionariado. Este país requiere que se legisle sobre la máxima de “igual salario por igual trabajo”, sobre todo, bajo un escalafón que permita disminuir a su mínima expresión las causas de conflictos. ¿Los educadores no requieren una atención especial del Estado? ¿Y qué decir de los médicos y paramédicos, que hoy día son insuficientes para atender las necesidades públicas?

Mientras no se haga un esfuerzo coordinado, no dejaremos de ver cómo se aumenta el salario de los conductores de la Autoridad de Aseo, cuando hay otros trabajadores que también lo merecen.

Hoy día vemos a la exdirectora de Autoridad Nacional del Ambiente describiendo las funciones de las direcciones legales de algunas entidades públicas, algo que entra en contradicción con los trabajos técnicos de ese tipo que se le atribuían al Ministerio de Economía y Finanzas, y sabrá Dios a qué costo.

Las máximas autoridades de los organismos de seguridad deben dejar de lado el argumento de que este aumento salarial es necesario, porque sus agentes son susceptibles a ser penetrados por el narcotráfico; en ese aspecto, si ganaran el salario del Presidente de la República aún sería muy poco. Los tentáculos de la droga solo atrapan a aquellos que son susceptibles, moralmente, de ser penetrados; allí no vale salario jugoso alguno.

El argumento de que ellos no dejarán que nadie perturbe su gobierno, puede llevar aparejado una espantosa mancha de sangre en todo su recorrido. Es verdad que los comisionados y subcomisionados merecen mejores salarios, pero, igualmente, es necesario que se les reste ese protagonismo militaroide, para que dejen de creer que están por encima de la ley y de los reglamentos; como sucedió en el desfile del 4 de noviembre, cuando se colocaron fuera de la ubicación que tenían reservada. Que pobre y chabacana defensa, por tal arrogancia, hizo el ministro Mulino, al decir que si la ministra de Educación, Lucy Molinar, estaba brava, le quedaba el trabajo de dejar de estarlo. Un ministro no trata así, públicamente, a ningún colega, a menos que esté autorizado por alguien de más arriba. Veo contados los días de Lucy en el Gobierno.

Las observaciones anteriores las brindo, orgullosamente, luego de haber coordinado, durante el tiempo que labore en la Dirección de Presupuesto de la Nación, una serie de escalafones médicos y paramédicos, que luego de más de 30 años aún rigen en el sector Salud, con las debidas adecuaciones.

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