CORRUPCIÓN Y JUEGOS DE AZAR

Deshacer entuertos: Berna Calvit

Se cierra el cerco para los corruptos que en su arrogancia se creyeron intocables. La justicia está haciendo su trabajo para desnudar la inmensa corrupción del quinquenio Martinelli. Y es alentador. Si gobiernos anteriores hubiesen procedido como lo hace el actual, tal vez no hubiera alcanzado una voracidad que no alcanzamos a imaginar. Aun así, ver desfilar ante las autoridades a los que de manera tan desaforada saquearon los recursos del Estado no me causa alegría ni mezquina satisfacción, sino pesadumbre, porque incluso los que no participamos en el festín de la rapiña contribuimos a que durante los últimos cinco años (y en años anteriores) nos gobernaran políticos que a ojos vistas carecían de las cualidades y los antecedentes que podían asegurarnos un manejo más digno y honesto de los asuntos del país. ¿Es injusto decir que tenemos lo que nos merecemos? Vi a miles brincotear en reguetones y pachangas multitudinarias al son de “Los locos somos más”; la ingenuidad hizo creer a muchos que un hombre tan adinerado como Martinelli no usaría el poder para enriquecerse más; y sumados los decepcionados del gobierno PRD, y los que favorecen la alternancia del poder, tuvimos cinco años de un progreso engañoso, un espejismo que ocultaba la gran corrupción.

Acostumbrados al estilo atropellador y extrañamente eufórico de Martinelli, y a la rudeza de su vocabulario, es notorio el contraste con el estilo más reflexivo y pausado del presidente Varela. A escasas semanas de cumplir el primer año de gobierno, se le reclama una gestión más vigorosa; la empresa privada se queja de la lentitud e interferencias de las autoridades; el pueblo, impaciente, reclama “de ya para ya” lo que en muchos años no le cumplieron, a pesar de la bonanza económica de Panamá. No será fácil resolver con celeridad graves problemas heredados (Idaan, tal vez el más acuciante), proyectos defectuosos, deudas astronómicas y una avalancha de chanchullos millonarios. Me inclino por un gobierno estricto, sobrio y mesurado en la toma de decisiones, pero como en todo, “es bueno el culantro, pero no tanto”. Y eso debe tenerlo en cuenta el presidente Varela.

Muchos entuertos heredados por el gobierno actual deben deshacerse. Uno de ellos, la proliferación de juegos de azar. ¿Fue infamia, irresponsabilidad o negocio bajo la mesa autorizar salas tipo A (con tragamonedas) hoy regadas por todo el país? “Mientras que para algunos especialistas los casinos representan el imán idóneo para atraer más turismo, para otros es un peligro que solo generará delito y corrupción, por lo que urge una regulación de estos centros”, aseguró Nelson Rose, profesor de Derecho de la Universidad Whittier de California (EU), también consultor y observador internacional de casas de juego. Además, “los casinos atraen a un tipo de negocios que se mueven en los márgenes de la ley: blanqueo de dinero, drogas, hasta prostitución”. Son afirmaciones rotundas de los que le siguen la pista al negocio y sus consecuencias en la sociedad. En marzo 2015, tres meses antes del adiós de Martinelli, el contrato con Gaming & Services que vencía en el 2017 se extendió hasta el año 2037 mediante pago de $13 millones de dólares ¡una ganga! Y extraña renovación tan distante del vencimiento.

En La Prensa (17/5/2015), un artículo sobre los juegos de azar en Panamá informa que en el primer trimestre del año se apostaron $798.4 millones; $647.7 millones de dólares provenientes de casinos, “maquinitas”, hipódromo; la Lotería Nacional de Beneficencia (única “chinguia” oficial) vendió $150.7 millones. En tres meses el promedio diario en juegos de azar (sin la Lotería), fue la alarmante suma de $7 millones diarios. El 83% de las apuestas, $488.8 millones, se hizo en máquinas tragamonedas tipo A; no hay registro de juegos en las de tipo C. San Miguelito y la 24 de diciembre, zonas con altos índices de pobreza, reportan apuestas mensuales superiores al millón de dólares. Se sabe que la mayoría de los sitios de juego operan fuera de la ley; que se repartieron concesiones como confeti y que en pueblos y ciudades la coima permite máquinas clandestinas. Una noticia del 15 de enero de 2015, en un sitio web especializado en el tema casinos, afirma que en Panamá el número de tragamonedas tipo C se ha duplicado en dos años y que es imposible obtener cifras oficiales porque muchas “maquinitas”, que calculan entre 8 y 9 mil en todo el país, son ilícitas. Las alarmas están sonando.

Si los juegos de azar son inevitables y la ley original solo autorizaba operar casinos en hoteles con más de 300 habitaciones ¿por qué se permite esta plaga? ¿Qué, quiénes mueven la “palanca” del negocio? ¿Importan más los ingresos al Estado por “chinguia” que los hogares y vidas destruidas por adicción al juego? El gobierno de Varela no debería dejar fuera de los planes de adecentamiento eliminar contratos irregulares facilitados por funcionarios venales, y los juegos de azar clandestinos. El incremento salarial a 167 mil jubilados y pensionados se obtendrá de impuestos a ganancias de los jugadores. ¿Es ético, en este caso, escudarse en la máxima “El fin justifica los medios?”. El presidente Varela y el ministro de Salud deberían visitar varios casinos en la capital y el interior. Están abiertos 24 horas. Lo que observarán será más convincente que mis palabras.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

24 Sep 2017

Primer premio

1 0 7 1

ACDA

Serie: 23 Folio: 11

2o premio

8324

3er premio

5691

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código