CONMEMORACIÓN

Deshonran al mejor oficio del mundo: Abdel Fuentes

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Deshonran al mejor oficio del mundo: Abdel Fuentes

Hoy, 13 de noviembre, es el Día del Periodista en Panamá. Fecha oportuna para debatir sobre los conceptos que definen la profesión en virtud de la distorsión y controversia que genera el tema.

Para advenedizos y extraños de la comunicación social, es un oficio libre que cualquier persona puede ejercer. Algunos periodistas y docentes apologizan el desliz conceptual. La distorsión se fortalece cuando un periodista justifica que intrusos del mejor oficio del mundo –como lo definió el no improvisado periodista Gabriel García Márquez– sean sus compañeros y jefes.

El periodista legítimo es un profesional especializado en el manejo, procesamiento y entrega de la información. Antes de publicar, confirma la veracidad de los hechos y consulta a una pluralidad de fuentes confiables. Se es periodista las 24 horas del día y no se aguarda a la instrucción de un jefe para trabajar.

Los periodistas empíricos del siglo pasado fueron forjadores de la profesión. Mi padre, Euclides Fuentes Arroyo, fue uno de ellos. No asistieron a la academia porque no existía. Su experiencia permitió afinar los métodos y técnicas.

Los improvisados ignoran que los géneros periodísticos son modalidades literarias y herramientas de las que dispone el periodismo para entregar la información. La entrevista, género maestro según Gabo, útil para todos los géneros, exige preparación, manejo de la técnica y revisar los contextos. De extraños y periodistas abundan las entrevistas complacientes, tipo relaciones públicas, aburridas y sin resultado. La repregunta es un mito. No impactan ni generan reacciones en la opinión pública. La noticia, el género más común y usado, presenta flaquezas, aunque procura descubrir los hechos. Es fuente primaria de los otros géneros. El reportaje amplía y profundiza la penumbra que en ocasiones suele dejar la noticia. La crónica combina literatura y estilo. Muestra un rostro más humano de la noticia, como lo define la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, iniciativa académica que legó Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura.

La desfiguración conceptual del periodismo ha contribuido a la distracción y relajamiento de la profesión. Ello acentúa los errores que se cometen a diario. Aunque es innegable que los ciudadanos contribuyen cotidianamente con la información, no por ello se es periodista, como se pretende insinuar con los denominados “periodistas ciudadanos”. Debería aludirse al ciudadano informante, que es diferente.

Las nuevas tecnologías en internet y las redes sociales ensanchan la grieta. Rumores camuflados de información no se someten a los rigores del buen periodismo. No se confirman los hechos ni se verifican las fuentes.

Fotografías manipuladas son viralizadas en Twitter y Facebook. Periodistas y pseudos periodistas son arrastrados en el desacierto. Captar fotos o congelar momentos y postearlos en una red o cualquier plataforma digital, junto a datos sueltos e imprecisos no hacen a nadie periodista ni siquiera al periodista común.

Decir que la libertad de expresión es un derecho ciudadano y que por ello cualquiera puede ser periodista es un disparate. Aquella libertad solo existe para quienes ejercen el poder, político o económico, es decir, gobernantes y empresarios.

Los maestros de la distorsión conceptual descontextualizan el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Mencionan el derecho del individuo a expresarse y opinar, pero omiten el que tienen las personas a recibir información. Cuando un medio de comunicación oculta o censura la información, transgrede el venerado artículo 19. Mientras eso ocurre, los supuestos defensores de la libertad guardan silencio.

¿A qué libertad aluden intrusos y convidados del oficio? ¿La libertad que apela a la anarquía informativa e impide poner orden, ¿la que desprotege la reputación de las personas?, ¿que permite engañar en lugar de informar?, ¿que deja abierta las opciones a empresarios para violar los derechos del periodista? ¿O será el albedrío que consiente con los linchamientos mediáticos, incidiendo en la conducta de los funcionarios de investigación y la sentencia de jueces y jurados de conciencia?

Los charlatanes de la libertad de expresión y el periodismo voltean la mirada a la jurisprudencia internacional. Verbigracia de lo ocurrido en Ruanda, en 1994, con el genocidio que cobró la vida de más de medio millón de personas y en la que medios y periodistas aportaron su cuota inyectando en la población odio y violencia. Instaban a los hutus a matar a tutsis con machetes, cuchillos y palos. Por ello, directivos y periodistas de varios medios fueron condenados a prisión.

Hoy los usurpadores también se infiltrarán en esta conmemoración, la de los periodistas, para una vez más, mancillar y deshonrar el mejor oficio del mundo.

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