RESCATE HISTÓRICO

Días nacionales: Carlos Guevara Mann

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Llegó noviembre con sus días nacionales. De algunos se mantiene más o menos viva la conciencia; otros han decaído en la memoria colectiva. Hoy, cuando conmemoramos los eventos de Colón que sellaron nuestra separación de Colombia, es buen momento para cuestionar la vigencia y propósito de estas fechas.

Entre las jornadas que languidecen en el recuerdo de los panameños está la del 28 de noviembre. En 1821, una junta general realizada en la capital, ese día, “espontáneamente y conforme al voto general de los pueblos de su comprehensión” declaró al istmo “libre e independiente del Gobierno español” para añadirlo, según su propia voluntad, al “Estado Republicano de Colombia”. Fue esta la entidad fundada en 1819 por Simón Bolívar, que consistía de los territorios del Nuevo Reino de Granada, la capitanía general de Venezuela y la audiencia de Quito.

Poco nos acordamos de este suceso –el momento principal de nuestro calendario cívico– y sus importantes implicaciones. En la actualidad, si no fuera por algunas actividades estudiantiles y –sobre todo– por el “desfile de las antorchas” que el Benemérito Cuerpo de Bomberos lleva a cabo, anualmente, la noche del 27, para conmemorar la fundación de esa organización (el 28 de noviembre de 1887), la fecha pasaría inadvertida.

En las cercanías del bicentenario de la independencia de España (2021), conviene que comencemos a pensar en rememorarla como corresponde, más que como una ocasión adicional para el jolgorio, como un espacio para la reflexión y la toma de decisiones sobre el devenir de la nación.

Es casi nulo el recuerdo de la fundación de la primera República de Panamá –el Estado del Istmo– el 18 de noviembre de 1840. Con el propósito de recuperar la memoria de este suceso, un grupo de ciudadanos programa llevar a cabo, el martes 18, una romería desde el Parque de Santa Ana, escenario histórico de manifestaciones populares.

En 2008, el 18 de noviembre fue erigido, además, como el Día Nacional de los Valores Éticos y Morales, lo que provee una coyuntura para darle mayor sustancia a la evocación de un episodio fundacional de la panameñidad. El Decreto Ejecutivo No. 596 de 2008 exhorta a la realización, ese día, de “foros, congresos, seminarios, paneles, exposiciones, firmas de convenios, entre otras actividades”, para fomentar la reflexión y el compromiso “sobre el sentido de la ética y los valores”.

El 14 de noviembre fue instituido como Día del Patriota mediante la Ley No. 17 de 2010, la cual conmina a los municipios y centros educativos a realizar “actos conmemorativos y actividades orientadas a resaltar los valores morales, cívicos, democráticos y patrióticos que deben prevalecer en todos los panameños”.

A pesar de lo que indica la Ley, la anterior ministra de Educación no se interesó por ponerla en vigor (aducía tener cosas más importantes que hacer, entre las que seguramente estaba purgar los programas educativos de su ya exiguo contenido humanístico, incluyendo el curso sobre relaciones entre Panamá y Estados Unidos).

El nuevo gobierno debe conmemorar esa fecha en todas las escuelas y colegios de la República, tomando como base el Decálogo del Patriota, breve compendio de los postulados cívicos y nacionalistas del Dr. Carlos Iván Zúñiga, en cuya memoria se instauró la jornada.

Los días nacionales sirven para afianzar nuestro sentido de pertenencia a una comunidad política y mantener viva nuestra identidad panameña. Honrarlos tiene sentido en tanto se logre con ello trascender lo superfluo y accesorio, para conectarnos con los valores que sustentan esa identidad.

Estas fechas deben servir para exponer y propagar los principios sobre los cuales se fundó el Estado panameño –la libertad, la democracia y el republicanismo, el civilismo, la justicia y la probidad– junto con el compromiso firme de servir a la colectividad, no servirse de ella a través del atraco al erario y el protagonismo ramplón.

Convertirlas en despliegues de chabacanería y militarismo no tiene sentido en una sociedad que requiere todos los auxilios a su alcance para sanear la esfera pública, degradada tras años de saqueos, violaciones a la ley y peligrosa militarización de la seguridad ciudadana.

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