COMPLICIDAD EXTRANJERA.

Dictadura en Egipto

WASHINGTON, D.C. –Cuando escribí “Desde Egipto” hace dos domingos, dejé por fuera toda mención de que Egipto tiene más de 50 años de estar sufriendo bajo una brutal dictadura militar.

Es que cuando estoy viajando en un país represivo, prefiero no escribir de la situación política hasta haber salido de allí; esto lo hago para mi propia protección y la de las personas con quienes hablo. En este viaje a Egipto, tuve además de la precaución de no conversar de política con egipcio alguno, por el temor de que esto podría poner a riesgo la seguridad de personas inocentes. Y cuando alguna conversación sacaba a relucir que el excelentísimo “presidente” Hosni Mubarak tiene 27 años de ocupar la Presidencia, me hice la tonta, como si fuera incapaz de comprender que cualquier mandatario que lleva 27 años en el poder no es presidente sino dictador.

“El Gobierno de Egipto rutinariamente viola los derechos civiles y políticos de sus ciudadanos, incluyendo la libertad de reunión y asociación, así como el derecho de participar en el proceso político como candidato o elector. La tortura y las detenciones arbitrarias no son inusuales”, señala el más reciente informe de Freedom House, una organización que analiza el avance de la democracia en el mundo. El índice anual que publica Freedom House revela lo mal que está Egipto comparado a Panamá (que, como sabemos, dista mucho de ser un modelo de democracia): Sobre una escala del 1 al 7 (1 es la nota mejor y 7 la peor), Panamá recibe nota de 1.5 (“un país libre”) y Egipto recibe nota de 5.5 (“país no libre”).

Sin embargo, Freedom House estima que “Egipto no es una dictadura militar per se, ya que Mubarak gobierna como líder civil”. Es decir, Mubarak –así como sus antecesores, una serie ininterrumpida de militares que se han pasado la Presidencia de uno a otro desde el golpe de 1952– se cuida de mantener una hojita de parra que encubra la cruel realidad de su régimen. Los analistas extranjeros son unánimes en describir a Egipto como una dictadura militar o un régimen autoritario respaldado por el ejército, que reprime toda oposición. En 2005 hubo una elección presidencial que Mubarak ganó por amplio margen (¡por supuesto!) e inmediatamente metió preso al más fuerte de los candidatos de oposición. El régimen justifica estos abusos con un permanente “estado de emergencia”.

Deplorablemente, Estados Unidos le hace el juego a Mubarak, con la excusa de que ello es necesario para mantener estabilidad en la región. El presidente George W. Bush estuvo en Egipto en mayo y osó pintar a Mubarak como líder regional en cuanto a reformas políticas. “Los americanos necesitan vigilar más de cerca lo que su gobierno está haciendo en lugares como Egipto, donde habla de democracia pero respalda la dictadura. El occidente está obsesionado con el terrorismo, pero si apoyara la democracia aquí, no habría terrorismo”, advirtió el conocido novelista egipcio Alaa Al Aswany al New York Times, en abril. Desde entonces, manifestaciones enormes en protesta del alza en el precio de comida han comenzado a mostrar la posibilidad de que el gobierno de Mubarak se esté debilitando, por más que él pretenda poner a su hijo como sucesor. Thomas Friedman, columnista del New York Times, escribió la semana pasada que se está deshaciendo el pacto que la dictadura ha tenido con los egipcios todas estas décadas –que es, parafraseando a Friedman–, “garantizaremos creciente prosperidad a cambio de que renuncien a sus derechos políticos”.

Pero me pareció muy interesante que Friedman haya observado lo mismo que yo en cuanto a la perspectiva egipcia de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. (Parece que él estuvo en Egipto al mismo tiempo que yo.) En mi columna del 8 de junio, escribí de una anécdota ilustrando que a los egipcios les gusta Barack Obama, pero piensan que “en Estados Unidos, él no puede ganar”.

Paralelamente, Friedman, cuya columna se publicó tres días después de la mía, escribió esto: “Los egipcios están asombrados, excitados y entusiasmados con Obama ... que Estados Unidos elija un hombre cuyo segundo nombre es Hussein marcará un cambio dramático en las relaciones entre Estados Unidos y los países musulmanes”. Pero, señaló Friedman, los egipcios siempre expresan duda de que “dejarán” ganar a Obama; no dudan simplemente de que ganará, sino que lo “dejarán” ganar.

Igual observé yo y concuerdo con Friedman en un punto adicional: un triunfo de Obama hará maravillas para mejorar la imagen internacional de Estados Unidos.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

28 Jun 2017

Primer premio

4 4 9 7

DBAC

Serie: 8 Folio: 4

2o premio

6250

3er premio

9772

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código