HISTORIA

Diógenes, una compilación: I. Roberto Eisenmann, Jr.

Por cortesía de mi amigo, vecino de los años de juventud Chito Martínez, recibí el primer tomo de la compilación de la obra de Diógenes De la Rosa, editada por la Academia Panameña de la Lengua. Tenemos la esperanza de que los volúmenes II y III se produzcan.

Por desgracia para mí, conocí a Diógenes en la etapa final de su vida, en casa de Gabriel Lewis Galindo en Washington, cuando compartíamos la lucha final contra Noriega. Leyendo sus cartas, manifiestos y críticas, me atrevo a opinar que Diógenes vivió y murió como marxista puro.

Guillermo Sánchez Borbón, quien sí lo conoció y compartió debates con él por muchísimos años, me comentó hace unos días que “Diógenes fue el hombre más inteligente que conocí en toda mi vida”. Como líder del Movimiento Inquilinario, Diógenes fue encarcelado y acusado de “traidor a la patria”, título que honrosamente compartí con él cuando Noriega hizo pasar una resolución de la Asamblea en que se me declara a mí también “traidor a la patria”, ¡medalla política que tengo entre mis pocos créditos!

Además, tanto Diógenes como este servidor dedicamos importantes años de nuestras vidas al periodismo buscando –desde posiciones ideológicas distintas– lo que él llamó“una patria moralmente fuerte, que es el único modo de ser fuerte en realidad”.

En su extensa y motivadora carta a Héctor Falcón, su camarada “en la idealidad”, preso en la cárcel de Chiriquí, entre muchos pasajes importantes Diógenes escribe: “Los hombres que marchan de cara al porvenir saben encontrar en todos los trances adversos, instantes optimistas en que un renacer de energías los impulsa hacia la brega inacabable”.

En su homenaje a Guillermo Andreve, Diógenes dijo que el político “siempre apuntaba un defecto y sugería una reforma, en una actividad intelectual constante que se traducía en artículos donde va desgranando el fruto de sus reflexiones”, y en 1928 escribe que Jeptha B. Duncan ponía al descubierto graves escándalos administrativos y actos deshonrosos de inmoralidad política en los que se daba la “dilapidación de los caudales del Estado, la prostitución de la justicia” (¡como que nada ha cambiado!)… pero frente a la lucha, escribió: “Suprimir el pasado por simple repudio moral no equivale a vencerlo” y condenaba la “rebeldía literaria y gaseosa”.

Referente a la política nacionalista escribió condenando aquel “nacionalismo que es única y taxativamente xenofobia, odio y exclusión de todo lo extranjero. Actitud errónea, imposible e insostenible”. “Lo cierto –escribió– es que los grandes nacionalistas han sido los grandes importadores de ideas, sistemas y métodos”.

En su marxismo puro, acusó a otros grupos llamados “de izquierda”. Por ejemplo, del histórico grupo de Acción Comunal escribió que “era un freno a la ‘revolucionarización’ de las masas con una mano de barniz rojo”. Del Partido Socialista-Marxista de la época escribió que “no pasa de una propaganda pirotécnica, de un juego de palabras con la abstracción de la revolución”, que “solo producía confusión e incultura en las cabezas de los obreros”.

Repudió al Partido Socialista como oportunista e hizo críticas igualmente severas al Partido del Pueblo. Como me dijo un gran conocedor de los movimientos de izquierda, Diógenes “no era como el común de los marxistas silvestres que produjo Panamá, él era otra cosa”.

Ahora, una visita a la lista de lo que Diógenes llamó“nuestro programa”. Aun cuando nunca se dio su anhelada “conquista revolucionaria del proletariado y la construcción de la sociedad socialista sin clases”; las conquistas propuestas sí se fueron logrando con el tiempo: la jornada de ocho horas, la creación de un sistema de Seguridad Social, el fomento de las cooperativas de producción y consumo, la creación de una central Sindical Nacional, el afianzamiento de los derechos democráticos, las mejoras del régimen del salariado, la reglamentación del trabajo femenino e infantil, la distribución de tierras laborables, las facilidades de crédito agrícola, la eliminación de las casas de inquilinato. Quedaron pendientes de su “programa”: la reforma integral de la educación pública, dignificar la profesión de la enseñanza, la formación de un Consejo Nacional de Economía para la Planificación (lograda y abandonada sin razón), la carrera administrativa real y efectiva. Hoy, creo que son pocos los panameños que no estarían de acuerdo con los logros y –sobre todo– los que le quedaron pendientes.

Su crítica al historiador Dr. Castillero sobre la vida de Victoriano Lorenzo es una pieza ácida pero elegante y certera que me recordó los debates del Parlamento inglés en la época de Churchill.

Faltan los próximos volúmenes en los que Diógenes asumió la asesoría de presidentes panameños y extranjeros (¡qué falta hace en la Venezuela de hoy!) y su participación importantísima en la constituyente que produjo la Constitución de 1946.

Diógenes fue, sin duda, un patricio de la nación, como los que hoy ya no tenemos. ¡Cuánta falta le hace a su querido Panamá y a todos los panameños, sobre todo, a los más vulnerables!

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