MEJOR SOCIEDAD

Dios sin religión: Luis Rubén Paz Mollah

El raciocinio, la capacidad de pensar, es la cualidad más importante del género humano y para los que creemos en Dios, su dádiva más trascendental. De ello se deriva el libre albedrío, la potestad de elegir, entre otros atributos que engrandecen al hombre. Yo creo en Dios como un todo al que pertenecemos y pienso que sus leyes son consecuencia lógica de la armonía y equilibrio que debe existir entre los que poblamos el Universo, del que somos parte. Es fácil entender que es el amor, con todos sus conceptos y facetas, el sentimiento o virtud más substancial para nuestras relaciones con los demás humanos y con el mismo Dios.

Las religiones nacen de la necesidad de encontrar un camino hacia Dios, por ello, conforme los humanos se agrupaban acorde a sus afinidades o etnias, se fueron haciendo patentes las diversas religiones que podemos considerar como primordiales. Equivocadas o no, pues algunas exigían sacrificios humanos lo que contradice todo concepto de amor, aquellas religiones de los albores de la humanidad sentaron las bases para lo que es la casta sacerdotal o levítica, y muchas de ellas desaparecieron con sus pueblos originales, como las del antiguo Egipto, por poner un ejemplo.

Todos los asentamientos humanos de importancia tuvieron sus religiones. De las originales muy pocas persisten como tales y las mismas coexisten con los grupos religiosos posteriores, derivados del cristianismo y del islamismo fundado por Mahoma. Todas pretenden llevarnos hacia Dios y varias de las religiones actuales se ufanan en declararse como verdaderas, sin considerar los argumentos de las demás y el hecho de que la propia existencia de estas es prueba de autenticidad. A veces, el grado de verdad viene directamente determinado por el grado de fanatismo de sus fieles y, en mi concepto, las exacerbaciones religiosas no son nada aconsejables. La historia está llena de consecuencias funestas de la exaltación religiosa, como las “guerras santas” y la no menos “santa Inquisición”, entre muchas otras. En los tiempos actuales algunos grupos preconizan actos de inmolación divina, con total desprecio hacia la hermandad del hombre como hijo de Dios. Por otro lado, vemos templos de suntuosidad innecesaria, pastores metidos a políticos, religiones con tasas impositivas y otras manifestaciones de soberbia que para nada engrandecen a un Dios omnipresente, omnisapiente y omnipotente.

Con educación, reflexión y amor a Dios y al prójimo podemos llevarnos bien los unos a los otros. Creo que con estudiar las diversas religiones de forma somera en los años de escolaridad por la importancia que tienen en el desarrollo de la humanidad y aprendiendo a respetar las diversas corrientes religiosas y a sus seguidores, el hombre moderno no necesita de una religión específica para llegar a Dios, ya que incluso un ateo puede llevar una conducta ejemplar. Una persona puede ganar muchísimo despojándose de sus ataduras religiosas, dejándolas para quien no pueda prescindir de ellas. La humanidad sería mejor si aprendemos a respetarnos por lo que somos y no por nuestra determinada devoción.

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