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DOBLE SALARIO

Disputa de diputados: Berna Calvit

Cuando una situación, conducta o norma irregular se tolera, es difícil que a los que les resulta provechosa esa tolerancia acepten buenamente renunciar a sus beneficios; especialmente si, como en el caso de los diputados suplentes, durante todos estos años fue permitido tener dos salarios en la planilla estatal como parte del toma y daca político. La añeja práctica de favorecer con una “chamba” extra en alguna institución gubernamental a los diputados suplentes de la Asamblea Nacional, y más recientemente también a los del Parlamento Centroamericano (Parlacen), está bajo la lupa de funcionarios que, al fin, nos están mandando buenas señales. El procurador de la Administración, Rigoberto González, advirtió el pasado mayo que si el diputado suplente tiene que ocupar la curul, inmediatamente deberá acogerse a una licencia sin sueldo en la otra posición. Hace unos días, el contralor general de la República, Federico Humbert, guardó en el congelador los salarios en disputa hasta que esta situación, que afecta a 26 diputados, reciba el fallo de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). ¿Le parece bien que a los diputados suplentes, que reciben mensualmente mil 500 dólares de salario más 500 dólares de viáticos, nosotros, usted y yo, les paguemos un salario extra? Hasta ahora esta práctica era aceptada como parte de la suplencia, pese a que existe la legislación que la regula (ref. artículo 156 de la Constitución Política). Es válido preguntar si los diputados (o los partidos) les prometieron a los suplentes un segundo cheque como aliciente, como premio por conseguir votos en la campaña. ¿Desconocían los diputados principales el impedimento legal o prefirieron, como sus antecesores, ignorarlo? Ya que está planteada la legalidad o no de los diputados suplentes en dos planillas, la CSJ no debe dejar en el limbo este fallo. Hoy, cuando se están fumigando los rincones de la corrupción y se están adecuando algunas leyes y prácticas obsoletas o incorrectas, es momento propicio para detener esta práctica.

Me pregunto si los diputados principales o los partidos consideran que el Estado está obligado a mantener en planilla extra a los diputados suplentes, o a los que pierden en las elecciones, como premio de consolación. Sin duda, es más cómodo pegarse a la ubre del Estado que incorporarse a la empresa privada o montar un negocio; pero no somos los contribuyentes los que tenemos que resolver el presupuesto de estos señores. Es seguro que los que están viendo la posibilidad de quedarse sin el cheque extra van a pelear “como gatos boca arriba” porque, después de todo, recibir 2 mil dólares en la Asamblea y redondear con 3 mil, 4 mil o 6 mil dólares por otro lado, es como ganarse la lotería todos los meses.

A mi juicio, lo correcto es lo que señala el procurador de la Administración: que renuncien al salario que menos les convenga (creo que es el de la Asamblea), y que cuando tengan que ejercer la suplencia soliciten una licencia temporal del cargo más jugoso. En los medios es mayoritario el rechazo al doble salario para los diputados suplentes, y recibe apoyo la opinión del procurador de la Administración y la decisión del contralor Humbert.

En un programa de radio, uno de los comentaristas argumentaba que es a los diputados a quienes más se “corretea” (Ricardo Martinelli es harina de otra mochila). ¿Por qué? Para empezar, por años han gozado de excesivos y costosos privilegios y hasta han lucrado con algunos (autos exonerados de impuestos); reciben paga aunque sean “paviolos” consuetudinarios; usan nuestro dinero para regalar, no por bondadosos, sino para comprometer a los votantes; negocian los votos para pasar o rechazar proyectos de leyes; se apoderan de organizaciones deportivas, de cuotas del transporte, etc. La lista es larga. La deshonestidad de algunos es tan obvia que, sin sonrojo, “de la noche a la mañana” se convierten en propietarios de varios apartamentos de lujo, de valiosas tierras, ganado, hoteles, etc. Todas son buenas razones para mirarlos con escasa simpatía. Iba a agregar “salvo excepciones”, pero recordé un cuento de Mario Benedetti con ese título; el personaje usó la frase en un discurso crítico y al día siguiente frente a su casa había una muchedumbre de personas agradecidas: eran “las excepciones”.

Para agravar la deteriorada imagen de los diputados (que empezó hace muchos años y alcanzó la cumbre del desprestigio durante el período Martinelli-Chello Gálvez), nos enteramos de que la CSJ recibió del Tribunal Electoral la lista de 76 diputados (AN y Parlacen) para ser investigados “por la presunta comisión de actos delictivos”; los diputados y los suplentes debieron haber entregado antes del 4 de julio de 2014, ¡hace un año!, los informes de donaciones privadas recibidas y de gastos incurridos en la campaña pasada. La multa por incumplir es broma de pésimo gusto: entre 50 y 500 dólares, “del lobo un pelo”, multa que cualquier diputado pagaría, y sonriente. Los votantes no elegimos magistrados ni ministros, ni otros funcionarios de jerarquía. Pero a los diputados los elegimos nosotros, el pueblo, y ello nos da derecho a cuestionarlos, a exigirles que atiendan nuestros reparos. El “juega vivo” que disputan los diputados lo pagamos todos. No quiero seguir pagándolo. ¿Y usted?

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