PRESUPUESTO

Distorsiones de la educación en Panamá: Erick Levy

Una de las escuelas de mayor prestigio y mejor pensum académico en Panamá es el colegio San Agustín, que tiene su sede en Costa del Este y consta de canchas e instalaciones deportivas modernas, aulas y laboratorios de primer nivel y espacios destinados para casi todas las actividades extracurriculares que puede realizar un estudiante en los países más desarrollados del mundo.

Los graduados de ese colegio tienen acceso, por el nivel académico adquirido, a casi todas las universidades en Panamá y del extranjero, hecho que debe ser motivo de orgullo y satisfacción para sus directores y maestros.

Según su página web, la anualidad en ese centro académico es de $2 mil 100. Con esos recursos alcanza para pagar los gastos operativos de la institución, reconociendo buenos salarios a los docentes, darle un mantenimiento oportuno a las instalaciones, pagar impuestos y subsidiar a un colegio en Chiriquí. Es probable que todos los padres de familia quieran que sus hijos acudan a un colegio como ese, pero por razones económicas la única opción que tienen son las escuelas del Estado. Los panameños queremos que la educación pública tenga instalaciones y un nivel académico tan bueno como las mejores escuelas privadas, por eso repetimos que hay que dotar de más recursos al Ministerio de Educación (Meduca).

Sin embargo, para escribir este artículo investigué dos datos importantes: cuántos estudiantes empiezan el año escolar en las escuelas públicas y cuánto recibe el Meduca, según el presupuesto general del Estado. Encontré que 692 mil alumnos se matricularon este año y que el Meduca recibe $1,300,000.00 millones, es decir, $1,878.00 por cada estudiante. Si a esto le sumamos la Beca Universal estaríamos destinando $2 mil 178.61 por cada uno, o sea, $78.61 más que en el San Agustín, con la diferencia de que en los colegios públicos, los profesores ganan menos; las infraestructuras son malas en la capital y pésimas en algunos lugares del interior; casi no existen instalaciones deportivas y actividades extracurriculares y, obviamente, no se subsidia a otro colegio con ese recurso.

Las explicaciones de por qué ocurre esta tremenda distorsión –si es que en algún momento las dan–, quizás sean creativas y, con seguridad, correctas y respetuosas, pero si tomaran las medidas adecuadas, sin destinar más recursos podríamos contar con una mejor educación e instalaciones dignas.

Sugiero que todo empleado público o funcionario de elección popular esté obligado a enviar a sus hijos a los colegios estatales y, de paso, a utilizar las instalaciones médicas del Seguro Social o el Ministerio de Salud. Así veríamos cómo el dinero rendiría más y, mágicamente, los proveedores del Estado en salud y educación venderían más barato y, con mucha mayor calidad. Los problemas y desventajas que vivimos la mayoría de los panameños pueden ser resueltos, solo hace falta que quienes toman las decisiones, vivan las mismas realidades que el resto de la población. @erickpma

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