SANIDAD MENTAL

Doce pasos: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Deseo compartir contigo algo que me ha servido mucho. Se conoce como el “Programa de Doce Pasos”.

Primer paso: “Admitimos que éramos impotentes ante las relaciones [droga, alcohol, sexo, ira...], y que nuestra vida se había vuelto ingobernable”.

En psicología, para superar un conflicto, es insoslayable reconocer que hay un problema. Negarlo es autoengaño. ¿Por qué muchos no salen de un atascadero moral, ético, legal? No han aceptado tener un problema que les hace ingobernables. Una de las dificultades para soltarlo es el placer que proporciona. No están dispuestos a negarse tal placer, aunque sea destructivo. De ahí la necesidad de un rompimiento de soga y toque de fondo.

Segundo paso: “Llegamos al convencimiento de que un poder superior a nosotros podría devolvernos el sano juicio”. Cuando llegué al grupo, estaba resentido con Dios. Lo culpaba por no evitar mis meteduras de pata. Recurrente en quienes con apasionamiento (fanatismo) rechazan su existencia. Al oír la palabra “Dios”, me revolvía; y me decía: ¿Vengo de una iglesia para entrar en otra? Me confortaba que los compañeros aseguraran que no era religión.

Psicología y psiquiatría pueden ayudarnos a recuperar la sanidad mental. No hay, empero, como Dios. Es el mejor psicólogo y psiquiatra. Penetra alma y espíritu y sana las heridas. Millones de testimonios, entre ellos, el mío dan fe de ello.

Tercer paso: “Resolvimos confiar nuestra voluntad y vida al cuidado de Dios, según nuestro entendimiento de Él”. Reitero, Dios es el mejor psicoterapeuta. Si reconocemos nuestra ingobernabilidad y vamos a un profesional de salud mental, Dios puede usarle para ayudarnos. Mas Él es el terapeuta por excelencia. Quizá alguien objete afirmando conocer a no pocos que viven metidos en un templo y se portan como demonios. Eso no invalida que Dios sea el mejor terapeuta. Demuestra que hay gente de doble moral.

Cuarto paso: “Sin temor, hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos”. ¿Cuántos nos atreveríamos hacernos una radiografía de conciencia? Un proverbio árabe expresa que “la mejor almohada es una conciencia tranquila”. No por estar encallecida sino por no tener de qué reprocharnos. No se trata de perfección moral sino de honestidad intelectual. Reconocer debilidades temperamentales y defectos de carácter nos ubica en la aceptación del conflicto.

Quinto paso: “Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano la naturaleza exacta de nuestras faltas”. ¿Qué sucede si no creo en Dios ni en confesiones a otro ser humano? En grupos de Doce Pasos hay libertad de culto o de no tenerlo. (Max Scheler sostiene que “quien no tiene dios tiene un fetiche”) Se habla de “Poder superior”. Lo que crees es superior a ti y puede ayudarte, es tu dios. Existe, además, la terapia del espejo y escritura. Confesar que tengo un rollo. Mirarme a los ojos y repetir en alta voz, diciendo mi nombre: “Tienes un problema muy serio que no has podido ni puedes resolver solo. Requieres ayuda”.

Sexto paso: “Estuvimos enteramente dispuestos a que Dios nos liberase de todos estos defectos de carácter”. Si no estoy presto abandonar debilidades temperamentales y defectos de carácter, el programa no funcionará. El programa es teísta. Da la alternativa, sin embargo, a que invoques eso que crees es tu poder superior y “puede” ayudarte. Su concepción de Dios, no obstante, es vaga y se presta para caricaturizarlo, tal cual han hecho los criticastros.

Séptimo paso: “Humildemente pedimos a Dios que nos liberase de nuestros defectos”. La humildad consiste en reconocer limitaciones y debilidades y vivir conforme a ese conocimiento. Ahí peca hasta el más “espiritual”.

Octavo paso: “Hicimos una lista de las personas que habíamos perjudicado, y estuvimos dispuestos a reparar el mal que les ocasionamos”. Si hurté algo, debo devolverlo o reponerlo. O pedir perdón por heridas ocasionadas.

Noveno paso: “Reparamos directamente el mal causado a esas personas cuando fue posible, excepto en casos en que al hacerlo les hubiese infligido más daño, o perjudicado a terceros”. Si fui infiel, es inapropiado manifestar: “Mami, te fui infiel con...”. Lo sano es reconocer mi pecado en mi cámara secreta, pedir perdón a Dios y conversarlo con un pío pastor de almas. Si el asunto es de vieja data, preciso ayuda profesional.

Décimo paso: “Proseguimos con nuestro examen de conciencia, y cuando nos equivocamos lo admitimos inmediatamente”. Remordimiento sienten muchos. Arrepentimiento lo practican pocos. Arrepentirse conlleva cambio de rumbo.

Undécimo paso: “Mediante la oración y meditación, tratamos de mejorar nuestro contacto consciente con Dios, como nosotros lo concebimos, pidiéndole que nos deje conocer su voluntad y las fuerzas para cumplirla”. Dios es el eje del programa. Necesito cambiar y para ello preciso hacerlo por medio de la oración y la meditación no necesariamente religiosas sino espirituales. Se puede ser religioso sin ser espiritual. Ser religioso no es malo. Lo es el fanatismo.

Duodécimo paso: “Habiendo logrado un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otras personas, y practicar estos principios en nuestras acciones”. Si has sido ayudado por alguien o algo, querrás, por agradecimiento, compartirlo con el prójimo. No hacerlo es pecar de omisión. @earrieta

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