SOCIEDAD

Educación sexual, una necesidad básica: Daniela Arias V.

Desde el año pasado, leemos y escuchamos artículos y debates relacionados con la implementación de una ley de educación sexual. Durante todo este tiempo, las personas que se oponen a dicha educación han salido a la luz pública, argumentando que “la educación sexual solo hará que haya más relaciones sexuales” o que “es totalmente falso decir que utilizando preservativos y anticonceptivos se disminuyen las enfermedades de transmisión sexual y el sida”.

Que en pleno siglo XXI se escuchen esos comentarios me parece una falta de respeto, una hipocresía, al más alto nivel, y una desconsideración total con los jóvenes. No queramos tapar el sol con una mano, las estadísticas no mienten. En enero de 2016, se reportó que un tercio de las embarazadas atendidas en el Ministerio de Salud (Minsa) tiene entre 10 y 19 años. En 2015, se registraron 10 mil 976 casos de embarazos precoces, y solo en enero de 2016, hubo 976 casos de lo mismo.

Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (más conocido por el acrónimo Onusida), en 2014 se reportaron alrededor de 17 mil personas con VIH. Este año, en La Chorrera se conoce que hay 2 mil 500 personas portadoras del mismo virus. Lo peor es que esa región ocupa el cuarto lugar, pues el primer lugar lo tiene Panamá metro, después San Miguelito y Colón.

Basta ya de querer ser políticamente correctos; basta de decir que la educación sexual es innecesaria y que debemos fomentar la abstinencia, porque la ley de educación sexual es contraria a los designios de Dios, y fomenta el sexo al libre albedrío.

Me pregunto si estas personas no tendrán hijos, nietos, primos o sobrinos. Necesitamos formar a niños educados e informados; niñas que se conviertan en mujeres fuertes, que sepan que las únicas con decisión sobre su cuerpo son ellas mismas; a niños educados que sepan reconocer si son víctimas de algún tipo de abuso sexual.

La educación sexual es tan necesaria, como cualquier otra materia. Proporcionándoles esta educación, estaríamos aumentando la calidad de vida de las futuras generaciones, así como protegiéndoles de la inseguridad que crea el desconocimiento. Fomentar la educación sexual significa dar información, hablar del tema sin tapujos, explicarle los derechos que ellos poseen, pero también las consecuencias que estos conllevan. Ayudemos a los jóvenes a crecer de una manera correcta, sana y segura. Para que si decidan tener relaciones sexuales, sepan cómo tenerlas, cómo protegerse y, lo más importante, para que sepan si realmente las quieren tener.

¿Saben cuántos embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual pudiésemos evitar? Muchos jóvenes no tienen idea de lo que es un preservativo, ni cómo se utiliza, ya ni hablar de los métodos anticonceptivos a largo plazo. Tenemos una realidad que enfrentar, en el país se estima que los jóvenes inician su vida sexual desde los 15 años. Ante esto, hay dos opciones: no hacer nada, como hasta ahora, o actuar como el país de primer mundo que queremos ser.

Para erradicar esta crisis social, Panamá necesita la educación sexual como materia obligatoria en todos los grados, tanto de primaria como de secundaria. Es vital que sea una materia constante para los jóvenes a fin de conseguir que el tema deje de ser tabú, y que se empiece a tratar como lo que es, algo natural.

Además, es necesario la implementación de centros de planificación familiar y sexualidad en todo el país. Estos deben incluir psicólogos especializados que puedan dar una guía, en caso de que se requiera, así como doctores que realicen pruebas para la detección de enfermedades de transmisión sexual. Inclusive se deberían distribuir en estos centros, de forma gratuita, anticonceptivos y otros métodos de prevención.

Económicamente resulta posible crear los proyectos mencionados, porque si evitamos todos los embarazos no deseados, ahorramos el dinero que cuesta cada parto, las licencias de maternidad, las vacunas, la educación y hasta las posibles ayudas de parte del Gobierno. En 2014, el Estado gastó 32 millones 245 mil dólares en el nacimiento de 12 mil 820 niños, es decir, unos $2,496.09 por parto.

En el casos de las enfermedades de transmisión sexual está comprobado que es más barato la prevención que el tratamiento. Por ejemplo, el tratamiento para una paciente con VIH de primera línea cuesta hasta $1,200 anuales, mientras que los de segunda línea van de entre $2,500 y $3,500. En el caso de los pacientes resistentes la cifra se puede elevar hasta $8,000.

Está claro que la educación sexual no puede traer más que beneficios al país, tanto en el plano social como económico. Ahora solo está en nosotros saber si queremos seguir tapando el sol con una mano o actuar y dejar la hipocresía a un lado. Yo decido actuar, ¿Tú qué decides?

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