PROCESO DE ACREDITACIÓN

Educación universitaria, tareas pendientes: Eduardo Espino López

Hace pocos meses terminó el proceso de acreditación de las universidades que les permitió a distintos centros de educación superior en Panamá someterse a la supervisión, inspección y evaluación en varios aspectos, entre los que destacan: programas académicos, instalaciones físicas, cuerpo docente y administrativo y requisitos de admisión.

La acreditación universitaria obedece a la ley que crea el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Conaeupa) de 2006, que hace obligatorio el proceso de supervisión de parámetros de calidad de la educación impartida en cada centro de estudios. Es un paso en la dirección correcta que debe profundizarse y ser más exigente.

En este país, la enseñanza universitaria adolece de pocas opciones de calidad, y la operación creciente de diversos centros privados no ha ido acompañada de una mejoría en la superación académica de los estudiantes ni de una enseñanza con estándares establecidos.

En el proceso acreditador salió a relucir un conjunto de datos que está todavía en análisis, pero es patente en la realidad nacional el poco desarrollo de la enseñanza superior; resultado de la mala y deficiente educación de la escuela secundaria en la mayoría de los centros escolares públicos.

La Universidad Tecnológica de Panamá, la Universidad de Panamá, la Universidad Católica Santa María la Antigua y la Universidad Latina se encontraban en mejor posición en cuanto a los parámetros evaluados. Sin embargo, falta mucho por hacer.

Está probado que mercantilizar la educación superior no es nada beneficioso para el país, ya que no crea incentivos a las autoridades y socios accionistas para exigir calidad; solo interesan las utilidades. Una universidad sin fines de lucro está en más capacidad de lograr los objetivos de ofrecer una enseñanza cónsona con la evolución de las metodologías docentes y de investigación. En este último parámetro estamos en etapas muy incipientes y ello es crucial para el progreso de una nación.

Dado que el esquema de empresa de lucro merma la calidad de enseñanza universitaria, la instalación de múltiples centros de educación superior produce ejércitos de profesionales mediocres que no salen bien formados.

Hasta hace poco se daban títulos en tres años en varias universidades privadas, en una suerte de feria de captación de estudiantes no bien motivados para superarse académicamente.

Ahora, lo que prima es estudiar superficialmente la licenciatura y, luego, especializarse en un campo restringido del saber profesional, sin formación integral en valores ni conocimientos en humanidades. El estudiantado universitario panameño viene, en su mayoría, con un bagaje deficiente de la educación media; las tecnologías de la información se usan más bien para el entretenimiento, lo que bloquea la capacidad de lecturas analíticas y hacen de los jóvenes seres conformistas y distraídos, con un enfoque bien estrecho de lo que debe ser un título profesional.

La educación universitaria es solo concebida, en muchos casos, como un instrumento para ganar dinero. El joven de hoy no tiene alternativas de formación adecuada en institutos técnicos superiores, por eso, se frustra en la universidad al fracasar o tomar una carrera que no le ofrece satisfacciones.

Se cree que un destino obligado para los estudiantes graduados de las escuelas es ir, necesariamente, a un centro universitario. Buscan ofertas de facilismo académico, matriculándose en centros privados con poca autoevaluación y creados improvisadamente con profesores que “pasan” a los estudiantes.

En la escuela de Medicina de la Universidad de Panamá cientos de estudiantes intentan ingresar, pero en los exámenes se notan las lagunas que tienen en materias científicas. Hay un grupo de repitientes que impide el ingreso de alumnos bien preparados de algunas escuelas privadas, porque le restan los cupos disponibles cada año.

Las universidades deben ser centros para el debate y análisis crítico de las opiniones, con grupos de consultoría, estudios científicos y humanistas en los años de licenciatura de cada carrera; para el contacto con el mundo empresarial y la realidad social, a través de las pasantías y el servicio social comunitario, y para la investigación y actualización continua. No deben ser entes mercantiles que ofrecen ilusiones superfluas.

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