DESENCUENTRO

Educación para la vida y el mercado: Antonio Saldaña

El diferendo que existe en la actualidad entre las autoridades del Ministerio de Educación y la mayoría de los líderes de los gremios docentes, gira alrededor de dos problemáticas: La concepción ideológica de la educación y los aspectos técnico-científicos y técnico-jurídicos de la transformación curricular en la educación media.

Desencuentro que se remonta desde mediados del siglo pasado, cuando el modelo de “crecimiento hacia dentro” daba muestras de cansancio, el proyecto liberal progresista se había agotado y la cúpula de la clase hegemónica se transformaba en una oligarquía política.

Desde entonces los docentes del país, guiados por los maestros del gremialismo educativo, profesores Clarence Beacher y Diana Morán, sostenían que el tipo de hombre y mujer que debía producir el sistema educativo panameño era un individuo esencialmente crítico y humanista, con sólidos valores morales y éticos, una profunda sensibilidad social y convicciones nacionalistas.

A esta propuesta histórica del movimiento gremial docente y de los estudiantes agrupados en la gloriosa Federación de Estudiantes de Panamá (FEP); los sucesivos gobiernos oligárquicos, básicamente, en la década de los 60 de la centuria pasada –siguiendo los lineamientos del Plan de Pensylvania y de la Alianza para el Progreso– impusieron la modificación curricular a objeto de producir el recurso humano calificado capaz de atender las crecientes demandas de tecnificación del mercado laboral de la época.

Hoy, en un nuevo escenario caracterizado por el triunfo global del modelo neoliberal o de fundamentalismo de mercado, el que se encuentra herido por una insondable crisis financiera que se inició en 2008, las premisas de la confrontación en el sistema educativo panameño siguen siendo las mismas, con el agravante de que ahora se enfrentan actores que padecen de una especie de enanismo intelectual. Mientras que el pueblo o, mejor dicho, la opinión pública percibe que el problema de la educación consiste en que el Gobierno impulsa una transformación curricular a la que los gremios docentes se oponen –pero que, dicho sea de paso, ningún panameño de a pie sabe qué significa–, los gremialistas y las autoridades de educación se encuentran enfrascados en discusiones técnicas que son para nunca acabar.

Pienso que en materia de opinión pública los grandes interrogantes que los principales actores de la educación (gremios y autoridades) deben solventar son los siguientes: En los albores del siglo XXI, en plena globalización, ¿qué tipo de persona debe formar el sistema educativo panameño? ¿En qué consiste la transformación curricular de la educación media? ¿Es la transformación curricular el problema de fondo de la educación panameña? ¿Es posible, en medio de la atomización gremial docente y el “simplismo” del Meduca, enfrentar los retos que una “revolución” educativa demanda?

He allí el problema de fondo: Una educación integral para la vida y para el desarrollo del recurso humano o una educación, única y exclusivamente, para satisfacer la voracidad del mercado. ¡Así de sencilla es la cosa!

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