SENTIDO ÉTICO

Educando para vivir en democracia: Abel L. Guerra Ibarra

Todos sabemos que Panamá se ha convertido en un país cosmopolita, con una sociedad moralmente pluralista, es decir, en la que no hay un código moral único sino varios. Esto nos lleva inevitablemente con el problema de dilucidar qué personas o qué instituciones están legitimadas para determinar qué es lo moral, correcto e incorrecto, en las distintas cuestiones que afectan nuestras vidas. Por eso, hago una apuesta por los centros educativos (escuelas, colegios, universidades), que serían los encargados para educar y formar en habilidades, conocimientos y ética. Educar en este trípode es necesario para tener una sociedad con una moral alta y no desmoralizada, no por el supuesto de que las personas que cuentan con conocimientos tienen más posibilidades de abrirse un buen camino en la vida; sino, más bien, porque una sociedad bien informada tiene mayor capacidad de aprovechar sus recursos y es menos propensa al engaño que una ignorante.

Aristóteles expresaba: “...con tanta destreza sabe fabricar venenos, el que los utiliza para matar como el que los utiliza para sanar, tan diestro es en este arte el envenenador como lo es el médico; lo que hace buena la técnica, lo que hace bueno el conocimiento, es la bondad del fin que se persigue”. Y al final aconsejaba el uso de la prudencia a la hora de determinar la bondad de la relación entre los medios y los fines. Siglos más tarde Immanuel Kant, en su tratado de Pedagogía, insiste en que la prudencia es una virtud necesaria para orientar las habilidades hacia una vida feliz y que, por esa razón, debería educarse a los niños tanto para ser técnicamente habilidosos como prudentes en la búsqueda de la felicidad.

Podemos afirmar con Kant que desde la educación que forma al prudente, es decir, al que sabe lo que le conviene en el conjunto de su vida, trata de conservar las riendas de su existencia, no dejándose deslumbrar por la cantidad ilimitada de productos o deseos –que al cabo esclavizan–, sino optando por las actividades que merecen la pena por sí mismas; las que, por eso mismo, producen libertad.

Contar con ciudadanos y con gobernantes prudentes, es indispensable para organizar las sociedades. Esto es síntoma de inteligencia y buena educación.

Otro punto interesante a desarrollar desde la perspectiva planteada, es el de educar en el sentido de justicia, aquel que nos impulsa a dar a cada uno lo que le corresponde. Lo justo es que las sociedades que deseen estar a la altura de la mínima dignidad moral satisfagan las necesidades básicas o promuevan las capacidades de las personas para que puedan satisfacerlas y llevar adelante una vida feliz.

Educar en este siglo XXI, sería formar ciudadanos bien informados, con buenos conocimientos y, asimismo, prudentes en lo referente a la cantidad y la calidad. Pero es también, en una gran medida, educar a las personas con un profundo sentido de la justicia y en ser agradecidas.

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