LEJANÍA

Educar para crear una cultura científica: Francisco Díaz Montilla

Hace algunos años un amigo, maestro de primaria, me preguntaba –no sin cierta preocupación– ¿por qué en las escuelas se tenía que enseñar teoría de la evolución cuando ya se enseñaba religión? ¿Acaso no decía la Biblia todo lo que sobre el origen de la vida hay que saber?

Su inquietud obedecía a que –como buen creyente que es– le parecía que entre ambas explicaciones existían diferencias insalvables. Recientemente, otro maestro de primaria, quien se ha procurado una formación en ciencias, porque le apasiona y posee una muy buena formación filosófica, me comentaba que una colega suya le solicitó que le explicara qué era un organismo unicelular y qué relación tenía con la vida.

Al terminar la explicación la maestra –no sin ocultar su asombro por lo que escuchaba– espetó: “La Biblia dice que Dios creó a Adán y a Eva...”, y se fue. Según este amigo, el creacionismo se ha tomado las escuelas.

Hace algunos meses, un exalumno que cursa estudios de ingeniería me escribió y me preguntaba por qué los lagos, mares o ríos empiezan a congelarse desde la superficie hacia el fondo. La respuesta que le ofrecí es la que da la ciencia moderna; pero él me respondió que no buscaba esa respuesta, que ya la sabía y que era la que le había dado a su profesor de mecánica de fluidos. El profesor no estaba interesado en ese tipo de respuestas y demandaba una que fuese más “filosófica”.

Entendí de qué iba el asunto. Se quería una respuesta en el marco de la teoría del diseño inteligente (creacionismo); en otras palabras, el docente demandaba respuestas no científicas para responder a una cuestión que la ciencia contemporánea explica con mucha elegancia y sencillez.

Ante escenarios así, uno podría preguntarse: ¿qué clase de formación científica se está ofreciendo actualmente en nuestras escuelas, colegios y universidades? ¿Qué expectativas tienen los docentes con respecto al conocimiento científico? ¿Qué sentido tiene para nuestros niños y jóvenes el discurso científico?

Según respuestas que he escuchado a estudiantes de bachillerato y de universidad, tanto la teoría de la evolución como del big bang son “inventos de científicos locos”, justamente, porque “sienten” que no corresponden con lo que dicen las Sagradas Escrituras; sin considerar que no es objetivo del discurso científico corresponder o coincidir con otro tipo de discursos.

Soy un convencido de que el Estado no debe invertir un solo centavo en educación religiosa, lo que no implica que el fenómeno religioso no pueda ser tratado científicamente como objeto de investigación. Pero la catequización es otra cosa; es competencia del cura o del pastor, no del docente; de la iglesia, no de la escuela.

La Constitución señala que “la educación se basa en la ciencia, utiliza sus métodos, fomenta su crecimiento y difusión”. Y Ley 47 de 1946 indica que la educación debe aspirar a que el individuo tome decisiones con una clara visión filosófica y científica del mundo. Esto sí compete a la escuela.

Pero, dado que a nuestros estudiantes y a no pocos docentes les resulta más atractivo el mito del génesis que las explicaciones científicas, hay razones para pensar que este fin no será realizable y que estamos lejos, realmente lejos, de construir una genuina cultura científica en Panamá.

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