REFLEXIÓN

Eduquemos al hombre verdadero: Andrés Culiolis-Bayard

En medio de la convulsionada situación mundial alentada por ideologías reduccionistas, protagonizada por extremistas irracionales y por los problemas que acontecen en el ámbito nacional y en comunidades locales, la humanidad se muestra insegura, confundida y desalentada. Por más que los pueblos se expresen por más democracia, cuyo principio es el respeto a la dignidad del ser humano, ello resulta inútil si no se considera como esencial y prioritaria la pregunta: ¿Cuál es la naturaleza verdadera del ser humano?

Esta situación que padece la humanidad, agravada más si observamos los estragos que ocasionan el cambio climático y los conflictos económicos –Panamá no escapa de esto–, tiene raíces arraigadas en una equivocada interpretación de la democracia, lo que ha permitido que los hombres y mujeres se olviden de su naturaleza verdadera y se olviden, en consecuencia, del hombre verdadero. Somos testigos de una situación peligrosa en nuestro país, generada por un proceso de corrupción que tiende a agravarse y a generalizarse y pudiera salirse del control de las autoridades, llamadas a garantizar la paz y bienestar general de la población.

Creo que estamos en el mejor momento de la historia republicana para superar las actitudes de aquellos que actúan impulsados por intereses particulares y por el lucro personal, en nombre de la democracia. Esta actitud de alienación y despersonalización del ser humano tiene que cambiar. Esto solo será posible si dejamos de actuar apenas mirando nuestro mundo exterior y procedemos a vivir conforme la esencia verdadera y profunda de la vida del hombre. Ha sido con este propósito que la Unesco declaró los cuatro pilares sobre los que debe apoyarse la educación del siglo XXI: Aprender a ser mejor persona y a convivir con su entorno, como valores espirituales fundamentales que nos conducen a ser creativos y proyectarnos en lo social, a través del aprendizaje del conocimiento, como formadores de la inteligencia y de los aprendizajes psicomotores, para promover el emprendimiento y la creatividad.

Si observamos con atención los pilares “aprender a ser y a convivir”, vemos que son la regla de oro de la moral expresada en: “Lo que quieres que los hombres hagan contigo, hazlo también con ellos”. Enseña, ni más ni menos, la base de la moral que consiste en el amor al prójimo, es decir, amarse uno mismo para poder ser mejor persona y poder amar y convivir con nuestro entorno. A partir del amor, como la máxima expresión de los aprendizajes afectivos formadores del carácter y la personalidad, el ser humano será capaz de educarse integralmente y en armonía, y crear para sí y para la humanidad los nuevos conocimientos y sus emprendimientos. Es pues, por medio del amor (el gran valor de valores y base inmutable de la moral), que debemos empezar a educar al ser humano verdadero. Si logramos que los estudiantes tomen conciencia de esta verdad absoluta, podremos lograr un cambio de actitud mental positiva que supere la educación materialista basada en el conocimiento per se y en el desarrollo tecnológico desenfrenado que lo deshumaniza, lo esclaviza y lo destruye.

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