EL MALCONTENTO

Encontrando la patria: Paco Gómez Nadal

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Debe ser una enfermedad: yo que soy tan poco patriota ando buscando la patria como loco. Matizaré: ando en busca del sentimiento que hace a alguien conectarse no con los símbolos en los que el poder enmarca la patria, sino con su territorio, con lo que le une al otro, con su identidad, con las identidades capaces de ser al tiempo para no dejar de ser en estos tiempos.

Volver a pisar Panamá en estos días me permite moverme por algunos lugares que para mí hablan mucho de lo que es esta patria, aunque algunos teóricos los llamarían no-lugares, espacios vaciados de esencia para poder ser tomados, usurpados, explotados por los que nunca vieron en el territorio nada más que un espacio jugoso al que exprimir hasta el último centavo.

Camino, por ejemplo, hacia Kiad, la comunidad cultural ngäbe símbolo de la resistencia contra la represa de Barro Blanco. Los ministros, también los de este gobierno, llegan allá en helicóptero para prometer edificios y otros envases de la patria tan vacíos como irrelevantes en la lucha de los pobladores. En Nuevo Palomar, una de las comunidades de la zona destinadas a ser fondo del futuro embalse, una niña dibuja los símbolos patrios para un trabajo escolar. Y entre el barro, el sudor, el cansancio y cierta tristeza, la miro perplejo tratando de entender qué le da a ella la patria para que siga loándola. Los ngäbes del río Tabasará necesitaron de peritajes externos para existir porque ningún funcionario contradijo a la empresa cuando aseguraba que no había comunidades afectadas por el proyecto hidroeléctrico. ¿Será que, efectivamente, no existían para el resto de sus compatriotas?

Ya en Kiad, sin más luz que la de nuestra amistad, Ricardo asegura que no van a permitir que “se mate un río para salvar un muro [de la represa]”. Weny nos ayuda a sentirnos humanos con sus palabras y demuestra la claridad cultural y política de los resistentes del Movimiento 10 de Abril: “Siempre llegan con las compensaciones en plata pero... ¿Cuánto vale la dignidad? Parece que donde hay dinero no hay leyes ni amigos que valgan. Nosotros no queremos plata, queremos nuestra vida. Esta es la nuestra”. Manuel Miranda, el patriarca de la comunidad, sabe que la historia explica todo: “Hemos cometido muchos errores, hemos avanzado poco pero... ¿cómo lo íbamos a hacer si cuando la colonia acabaron con todos nuestros sabios, con nuestros guías?”. Aunque el muro de la represa se impone a la vista desde la carretera Panamericana, cuando se está dentro del territorio ngäbe, en su territorio, el muro se diluye en palabras y gestos de dignidad y humanidad. Yo me quedo con esta patria.

Sigo caminando, porque así fue que conocí buena parte de este país de gente poderosa. En Guabito hago un primer alto de camino a territorio naso Tërj Di. San San Drui está en pie y eso me hace estremecer porque las palas mecánicas del poder económico y las trampas legales del poder político no han logrado doblegar la voluntad del puñado de familias que no han transado su dignidad por plata o empleos precarios. Sentado allí, con ellos y ellas, escuchando sus sonrisas, el relato de lo ocurrido en estos últimos cuatro años, jugando con los niños y niñas que siguen creciendo en su territorio, entre sus gentes, sé que las raíces son tan profundas y que su sentido de la patria es tan diferente al lúdico-festivo que impera estos días, que también me quedo a su lado.

Hay muchos más ejemplos... en comunidades, en ciudades, en caminos de este Estado plurinacional en el que la riqueza se contabiliza en personas, no en edificios o en megaproyectos económicos.

Hay patria para rato, aunque no sea la patria figurada que alientan las élites. Alguna vez ya escribí que esas élites ponen a desfilar a los de abajo para celebrar un sentimiento casi obligatorio mientras ellos –los más poderosos– agarran un vuelo para vacacionar y no sentirse agobiados de tanto tambor y tanta lira. Pero en muchos rincones de Panamá hay gentes, como las que he descrito, que defienden lo esencial: la tierra, la dignidad, la autonomía de decisión y la libertad para ser un ser humano pleno. No es retórica, he sido testigo de ello durante años y ahorita, a la vuelta, me alegra saber que no han sido vencidos.

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