VISIÓN E IDEARIO

Encrucijada política en el PRD: Jaime Cheng Peñalba

A finales de la década de 1970 nació, en circunstancias políticas especiales, el Partido Revolucionario Democrático (PRD). Su creación respondió a la nueva coyuntura de democratización política exigida por el Gobierno de Estados Unidos, luego de la firma de los tratados Torrijos–Carter en 1977.

El PRD surge como un instrumento de mediación política, pero también como espacio para que diversos sectores que apoyan el proceso torrijista encuentren un canal de expresión y acción. Allí convergen diversos cuadros político–ideológicos identificados claramente con la línea de descolonización abanderada por Omar Torrijos. A lo interno del PRD también se perfilan claramente dos corrientes unidas en su momento, pero antagónicas en otros. Una de ellas de carácter empresarial, identificadas claramente con una visión desarrollista burguesa y quienes van a ocupar los principales cargos dentro del partido y del aparato gubernamental. Más hacia la izquierda, se ubicará la llamada “tendencia” que reconoce las reformas de tipo social y apoya los movimientos de liberación nacional en la región. La “tendencia” absorbería cuadros ideológicos de la Federación de Estudiantes de Panamá y del Partido del Pueblo (comunista).

Con la muerte de Torrijos, el PRD recoge la bandera del anticolonialismo y trata de cimentar su accionar en el ideario de torrijista. Así lo confirman varios documentos de discusión orgánica en los que se encuentra “la línea” que se convertiría en una especie de guía política, especialmente para los sectores de la llamada “tendencia”.

Con la desaparición física de Omar Torrijos, el PRD atravesará por momentos de desgaste y desprestigio, pues será utilizado para satisfacer los intereses de algunos militares sucesores de Torrijos. Con Manuel Antonio Noriega, el PRD vive el cisma de este desgaste, pues servirá como vehículo para perpetuarse en el poder. El discurso antimperialista de Noriega que es, sin duda, de un origen legítimo en la trayectoria del movimiento social panameño, se va desvirtuando porque será utilizado por la persona equivocada. Como se dijera en algunos corrillos políticos: “una bandera limpia en manos sucias”.

El PRD pasará por pruebas de fogueo importantes que definirán su papel como actor político en la sociedad panameña. Estas serán: Las elecciones de 1984, en las cuales el PRD encabeza una alianza de fuerzas políticas que impulsaran el triunfo de Nicolás Ardito Barleta, la crisis de finales de los 80, las anuladas elecciones de 1989 que servirán como uno de los detonantes para la posterior invasión de Estados Unidos y, desde luego, la propia intervención armada de la potencia del Norte, en la que muchos de los militantes identificados como torrijistas serán perseguidos y encarcelados.

De manera sorpresiva, tan solo cinco años después de la invasión, el PRD logra una victoria significativa con la figura de Ernesto Pérez Balladares y la mayoría de los puestos dentro de la Asamblea Legislativa. Es justo decirlo, luego de la era post-invasión, ninguno de los presidentes que tuvo el PRD mantuvo una actitud consecuente con el ideario torrijista. Balladares realizó privatizaciones en instituciones muy sensibles a los intereses de los sectores más vulnerables de Panamá y el propio hijo del general, Martín Torrijos con un discurso balbuceante y demagógico, nos demostró a todos los panameños que “hijo de tigre no siempre nace pintao”. Le faltó mayor temple en muchas de sus decisiones, sobre todo, aquellas que tocaban acusaciones de corrupción y nepotismo.

Hoy, el PRD, a pesar de la deserción de varios de susdiputados identificados como carentes de verdadera trayectoria torrijista y huérfanos de una visión ideológica, tiene una oportunidad de oro con la historia. El acelerado desgaste y el perfil arrogante de la gestión Martinelli le están abonando el terreno en esta nueva oportunidad.

El PRD necesita redefinir su visión e ideario. También requiere de un nuevo líder dispuesto a realizar depuraciones internas, que se distancie de los viejos dinosaurios que no se resignan a una renuncia más honrosa y que han utilizado a este partido para fines netamente electorales, que se comprometa con transformaciones sociales profundas y no demagógicas, pero sobretodo que sea símbolo de la unidad interna de este colectivo.

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