CALIDAD

Enredos en la educación particular: Jorge Luis Macías Fonseca

Finalizado el año escolar, conviene hacer algunas apreciaciones respecto a la educación particular en las escuelas y colegios privados. La calidad de esa educación está en entredicho, entre otros muchos factores, por el pésimo ejercicio docente que pone en duda todo sentido pedagógico.

La educación particular es una inversión que debe ser correspondida con resultados óptimos. Y no los puede haber si el docente no comprende los objetivos ni la filosofía de la educación nacional. Peor aún, si su formación está alejada de las concepciones pedagógicas modernas y su actuar está ayuno de vocación docente. Es menester que el Ministerio de Educación (Meduca) atienda, con seriedad, el desarrollo del proceso educativo particular que, sin supervisión, se ha convertido en un pésimo negocio.

Nadie presta atención a las innumerables quejas por las actuaciones antipedagógicas de los docentes que, amparados por las pésimas administraciones de esas unidades académicas, han hecho un burdo negocio, afectando a los estudiantes. ¿Cómo explicar que un docente que se ausenta de su labor sea reemplazado por un familiar, sin el conocimiento de los padres de familia ni de las autoridades del Meduca? ¿Cómo saber si el reemplazante es idóneo? ¿Con qué autoridad moral el profesor titular puede evaluar al estudiante? ¿Cómo explicar las pésimas alianzas de docentes para atacar al estudiante por las denuncias hechas por sus padres? Y ¿Cómo ver correcto que un docente que tuvo a su haber un elevado índice de fracasos sea quien atienda a esos estudiantes en la rehabilitación? ¿Es o no parte de un negocio? ¿Cómo entender que el mismo profesor, en un mismo horario, atienda tres grupos distintos?

Es claro que lo que ocurre en algunas escuelas y colegios particulares obedece a los intereses económicos, no a la formación del discente. Las direcciones de esas entidades no tienen el mínimo entendimiento del significado de administrar en educación y prefieren amparar irregularidades y a docentes que son parte del suculento negocio del fracaso estudiantil.

Nadie explica, ni siquiera el Meduca, si las exigencias a los docentes de la educación pública alcanzan a los de la educación particular. El sistema es uno, la educación particular no es una isla. ¿Cómo se contrata a un docente que, aparentemente, no tiene el título para ejercer la cátedra correspondiente sin que nadie diga nada? ¿Cómo explicar que ese docente mantenga, históricamente, altos niveles de fracasos y actitudes antipedagógicas de maltrato a los estudiantes? ¿Cómo entender que esa situación ha sido del conocimiento de Meduca, a los más altos niveles, sin ningún acto de corrección?

¿Se cumple en las escuelas y colegios particulares con la planificación de las actividades académicas, con las debidas evaluaciones, y no, simplemente, con calificaciones? ¿Hay una científica supervisión de la labor docente? ¿Existe eficiencia en el trabajo del educador? Si todo esto se da, quiere decir que hay una relación engañosa por atender, que no es nueva en la educación particular.

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