´ PARQUICIDIOS´

De Estambul a Panamá: Azael Barrera

Cuando un gobierno elegido democráticamente se convierte en autoritario y agrede a la comunidad, al derrumbar viviendas sociales para reconstruirlas en otro lugar lejos, insalubre, sin árboles, dando prioridad al consumismo, a la proliferación de malls, imitando a otros regímenes autoritarios que crearon espejismos urbanos, llega el momento en que la ciudadanía responsable y consciente no aguanta más. El reventón más reciente ha sido en Estambul, por la destrucción de un parque emblemático, situado en un espacio público histórico, para construir otro centro comercial, uno que ensalza el recuerdo del otrora imperio otomano.

Desde el 31 de mayo en Estambul, Turquía, donde las autoridades elegidas revirtieron su hoja de ruta de democracia por autocracia para favorecer a unos pocos, se desató la confrontación que venía gestándose hace varios años. El parque Gezi, en la plaza Taksim, uno de los pocos espacios arbolados que tiene Estambul fuera del palacio del Tokpaki, ha sido el escenario para que la válvula reventara. La destrucción y privatización del parque y la plaza trajo a la epidermis las frustraciones de un pueblo engañado por una bonanza que no llega a los más necesitados, solo a los ricos y allegados al poder. Haciendo a un lado un plan maestro, la política autoritaria de Tayyip Erdogan, primer ministro, se nutre de megaproyectos de infraestructura, acompañados de desalojos de barrios populares para hacerlos enclaves elite, de la tala de bosques en torno a la ciudad para clubes de golf y barrios exclusivos, al tiempo que busca que Estambul sea sede olímpica, y endeuda al país a niveles nunca antes concebidos.

Muchos conocen de mi oposición a la construcción de los estacionamientos subterráneos en los parques –no “plazas” como insiste en llamarlos la Alcaldía- Belisario Porras, Harry Strunz, Urracá y el cementado Francisco A. Paredes. Las políticas desarrollistas de este gobierno, es decir, la plétora de improvisaciones, parches y caprichos de infraestructura, han sido innecesarias, como el viaducto de la cinta costera tres, y las pocas que son necesarias se hacen con sobrecostos, al apuro, buscando comprar conciencias y perpetuarse en el poder. El colmo de esto es la privatización de parques urbanos por la Alcaldía para despojarlos de sus árboles y cementarlos con estacionamientos subterráneos, sin consulta ciudadana previa, sin ocultar nada y con el más alto desprecio a la calidad de vida de los capitalinos. En Estambul, Erdogan ordena y promueve este mismo tipo de proyectos con iguales métodos y justificaciones que aquí. Las coincidencias abundan.

El icónico parque Belisario Porras, entre otros, cumplirá 100 años de su creación. La apatía de muchos medios y ciudadanos con respecto a su destrucción a favor de espacio para estacionamientos dice mucho de la irresponsabilidad ciudadana hacia quienes conviven con ellos. ¿Acaso hará falta explotar, como en Taksim, para que el autoritarismo impuesto se detenga y comiencen a respetarnos, en lugar de considerarnos sus clientes, o peor aun, tomarnos por latas de anaquel en sus supermercados de conciencia?

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