ORÍGENES

Evolución, ¿mito o realidad?: J. Enrique Cáceres-Arrieta

A fin de ser claro para todos, escribiré en términos sencillos y simple lógica. En el artículo “La ´evolución´ según R. Dawkins” (La Prensa, 27/7/2013) hago señalamientos que no fueron refutados. Su esencia es el origen de la vida. ¿Por qué es importante saber cómo se originó la vida al tratar la teoría de la evolución? Porque la teoría atañe a seres vivos. Además, el naturalismo subyace en ella mediante la selección natural de Darwin. La teoría transformista no intenta explicar orígenes de la vida, mas parte de la premisa de que todo se originó de la nada y se transformó naturalmente.

Ello es naturalismo. ¿Qué es naturalismo? Creencia filosófica de que la única realidad es la física de materia y energía, gradualmente descubierta por experiencia, razón y ciencias naturales. ¿Puede probarse eso? ¡No! Tampoco que no haya una realidad diferente a la material.

Está demostrado que la vida procede únicamente de materia viva. Sin tomar en cuenta el eslabón perdido del paso de la materia inerte a la viva, la teoría de la evolución argumenta en ignorancia de cómo surgió la vida. Al menos teístas evolucionistas ven a Dios como fuente de la vida. Los ateos se aferran a la teoría evolutiva a través de la selección natural para asegurar que todo se dio “naturalmente”. Sin la injerencia de un agente exterior, pues “Dios no existe”. El ateísmo es peor que la magia. En ella hay un mago y un sombrero para que aparezca un conejo. En el ateísmo, el conejo aparece sin mago y sin sombrero.

¿Cómo apareció la vida en la Tierra? Solo hay dos respuestas: 1. Por generación espontánea. 2. Fue creada por Dios. Sencillo: A. Apareció por sí sola, a partir de materia inorgánica, sin gérmenes preexistentes, sin intervención exterior, gracias a leyes de química y física como cree la teoría abiogénesis (ideada por evolucionistas ateos); B. Es fruto de una mente superdotada que ha estado “jugando” con física, además de química y biología, a la cual teístas llaman Dios. Si no es una, es la otra. Si la vida hubiese sido traída desde otros planetas –como creen algunos– no haría más que trasladar el problema a mundos hipotéticos.

La creencia de la generación espontánea es antiquísima. Filósofos griegos la aceptaban. Retomada en el siglo XIX por el evolucionismo, que la convirtió en piedra angular de su teoría del origen de la vida. Pasteur, empero, demostró su falsedad. Descubrió que la vida siempre deriva de la vida. Todo ser vivo procede de otro ser vivo, toda célula de otra célula. Reconfirmado, asimismo, por avances como la creación de cromosoma y genoma sintéticos en laboratorio. Cambios provocados por la mano del hombre. Hubo intervención de inteligencia exterior.

Cualquier libro de biología establece que la generación espontánea es mito. Biogénesis es el principio que sostiene que “la vida proviene solo de la vida, y perpetuará únicamente su propia especie”. La vida se origina de otro ser vivo y se reproducirá exclusivamente conforme a su especie. Un reptil no se transforma en caballo ni viceversa. Afirmar que la biogénesis es filosofía y no un principio científico es estrabismo intelectual.

A sabiendas de que la vida se origina solo de vida y perpetuará exclusivamente su propia especie, se ha edificado sobre arenas movedizas un castillo llamado “evolución”. La evolución está documentada a nivel microevolutivo en cruces de animales, plantas. Para sobrevivir o vencer, antibióticos, virus y bacterias se transforman. Ahí ocurren cambios microevolutivos. Es microevolución. No la macroevolución que proponen la teoría evolutiva y Darwin, que creen que la complejidad genética fue aumentando y las especies cambiaron volviéndose cada vez más perfectas y sofisticadas. Algunos invertebrados se habrían transformado en peces, estos en anfibios, reptiles, aves, mamíferos y el humano. La bioquímica ha demostrado su falacia. Esgrimir que muchas microevoluciones durante largo período son una macroevolución es pensamiento mágico. Cada avance demuestra que la vida es más compleja de lo que creíamos. En ciencia no hay lugar para remotas probabilidades, azar, casualidad, “necesidad de ser” y ciega selección natural.

Supongamos que estoy errado y que la evolución ocurrió. No se resuelve el problema de cómo surgió la vida. Lo escamotea. Necesariamente hubo intervención externa. Una inteligencia suprema. Porque la vida solo surge de vida y perpetuará únicamente su propia especie. Es un hecho. Ahí son más razonables y lógicos los teístas evolucionistas que sus colegas ateos. Ven a Dios creando por medio de la “evolución”. Sin embargo, hay científicos –como George Wald– que tienen ideología y son radicales y dogmáticos en creencias: “En cuanto al origen de la vida en esta Tierra, solo hay dos posibilidades: creación o generación espontánea (evolución). No hay una tercera forma. La generación espontánea fue refutada hace [más de] 100 años, pero eso nos lleva únicamente a otra conclusión: la creación sobrenatural. No podemos aceptarla por razones filosóficas (motivos personales); por tanto, escogemos creer lo imposible: la vida surgió espontáneamente por casualidad”.

La “ciencia” de muchos sigue tullida, ciega y sordomuda. @earrieta

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