USO CUESTIONADO

FAP, fondo con F de fraude: Fernando Gómez Arbeláez

Sucesos trágicos y desoladores como los acontecidos en Colón y el oeste de la provincia de Panamá, resultantes de las graves inundaciones y deslizamientos en ambas regiones, han servido inesperadamente para revelar a la ciudadanía, en toda su desagradable y cruda dimensión, la notoria indigencia de nuestras maltrechas finanzas públicas, así como la creciente anarquía y el grosero desparpajo con que se manejan.

En la tarde del lunes, 26 de noviembre, mucho antes de que cesaran las borrascas y las aguas desbordadas regresaran a sus cauces, el Gobierno nacional adoptaba de manera apresurada la Resolución de Gabinete No. 158.

Mediante ese documento se aprobó un significativo proyecto de ley, a ser enviado a la Asamblea Nacional en sesiones extraordinarias, para modificar la reciente Ley 38 de 5 de junio de 2012, creadora del denominado Fondo de Ahorro de Panamá (FAP).

Como se recuerda, en sus condiciones presentes, el FAP no es otra cosa que el antiguo Fondo Fiduciario para el Desarrollo (FFD) ahorrado por gobiernos anteriores, bajo el disfraz de un nombre distinto. Los aportes del actual gobierno al capital del FAP –cerca de mil 200 millones de dólares acumulados en el FFD desde 1995– han sido casi nulos.

No será hasta 2015, según la Ley 38, que deberán agregársele al FAP los excedentes de ingresos generados por el Canal de Panamá, para entonces ampliado y en plena operación con un nuevo juego de esclusas.

El osado propósito de esta reforma a la Ley 38 –que no ha cumplido ni seis meses de vigencia– es la utilización inmediata de los recursos del FAP por una cantidad indeterminada, por una cifra que el Gobierno pretende mantener en reserva, sin importar que la Ley 38 ha prohibido, de manera taxativa, su uso antes de 2015.

El FAP así administrado se convertiría en un completo fraude, en un fondo libre a ser descapitalizado a capricho por las sumas que los gobiernos quieran, cuando lo quieran, sin antes hacer nada respecto a sus elevados gastos y desmedido presupuesto nacional. Mal ha podido este gobierno actuar sobre el ahorro de generaciones de panameños en una fecha tan temprana como el lunes 26, en la que aún desconocía la totalidad de los daños por inundaciones y deslizamientos, al igual que la magnitud de los costos a encarar.

Se hubiera esperado que para su financiamiento considerara primero otras alternativas disponibles, como la contención del gasto público, la reprogramación de partidas presupuestarias, la suspensión de absurdos megaproyectos como una “cinta costera tres” de 800 millones de dólares , o la reducción de gastos superfluos, incluyendo la onerosa propaganda estatal.

¿Acaso el gobierno no aumentó este año sus recaudaciones tributarias en un alto porcentaje por encima de lo presupuestado? ¿No estará el déficit fiscal, al cierre de 2012, en “2.5% o 2.6%”, todavía por debajo del nuevo tope de 2.9%? Si estas apreciaciones tan particulares del titular de Economía y Finanzas (Martes Financiero, No. 756, 27/11/12) fueran ciertas, ¿habría necesidad de gastar con urgencia el dinero del FAP?

¿Por qué el interés, la celeridad del Consejo de Gabinete y la Asamblea Nacional en una reforma legal que permite el uso prematuro del FAP, cuando las finanzas públicas están, supuestamente, en una situación de bonanza envidiable e inigualable?

La respuesta a esas interrogantes es más que evidente: retirar millones del FAP antes del cierre del año fiscal ayudará a enfrentar el desastre en que han sumergido a nuestras finanzas públicas. Las autoridades siguen gastando cantidades exageradas fuera de sus límites presupuestarios, que ni el maquillaje contable al que están acostumbradas ha permitido esconder por más tiempo. La burla financiera a los panameños perdió su máscara.

Nada de recortes presupuestarios, nada de contención del gasto. Con el mayor cinismo se aprovechan del dolor ajeno, se arropan con la tragedia del pueblo lesionado, se ocultan tras los damnificados de Colón y Panamá oeste, para meterle mano al ahorro de todos, al que han encontrado como la tabla de salvación a su inepto proceder de malos funcionarios. El gobierno apuesta a que la tercera es la vencida. Sus previos intentos de gastarse otros activos propiedad de la Nación –venta de las acciones de empresas mixtas y los terrenos de la Zona Libre de Colón– para cuadrar su desbalanceado presupuesto de 2012, acabaron en estruendosos fracasos, con saldo de muertos, heridos y grandes pérdidas materiales.

¿Caerán en esta ocasión los codiciados recursos del malogrado FAP?

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