CLIENTELISMO

FES, FIS, PAN y DAS: Carlos Guevara Mann

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FES, FIS, PAN y DAS: Carlos Guevara Mann

Como probablemente lo recordará usted, DAS eran las siglas de la tenebrosa agencia colombiana de espionaje (Dirección Administrativa de Seguridad), clausurada en 2008 cuando estalló el escándalo de las “chuzadas” (interceptaciones ilegales de conversaciones). También se señaló a la entidad por sus vínculos con el paramilitarismo y por poner información de inteligencia al servicio de grupos criminales.

La DAS estuvo dirigida por María del Pilar Hurtado, quien a raíz de las acusaciones en su contra por el lío de las “chuzadas” huyó a Panamá, donde fue acogida con mucha cordialidad por el Gobierno nacional. Se paseaba felizmente por nuestras calles, avenidas y centros comerciales, sin ningún temor, más bien con toda impunidad. La fiesta se le acabó en febrero de este año –aún no queda muy claro por qué– cuando se entregó voluntariamente a funcionarios de su país.

Tampoco ha quedado claro –porque al Ministerio Público no le ha dado la gana de investigar– si Hurtado, como muchos sospechamos, “asesoró” a los organismos panameños de seguridad en el establecimiento de redes de espionaje. Lo que aparentemente sí caló durante su plácida estadía en nuestro país fueron las siglas de la organización que dirigía, que a alguien le han parecido idóneas para rebautizar con ellas a la principal agencia de clientelismo del Estado panameño.

Ha sido, verdaderamente, una genialidad denominar DAS (Dirección de Asistencia Social) al PAN que antes era FIS y, previamente FES, y que desde los tiempos de la torodictadura se usa descaradamente para comprarle apoyo político al oficialismo y atracar al Estado en beneficio de allegados al gobierno de turno.

Según el contralor Humbert, quien todavía no se anima a concluir la investigación en la Universidad de Panamá ni llevar a su copartidario perredista, el magnífico, a la justicia, “Viene un nuevo esquema de trabajo con la DAS, en donde [sic] la Contraloría ejercerá toda su capacidad fiscalizadora para garantizar al pueblo que los fondos sean utilizados de manera disciplinada” (La Prensa, 30 de noviembre).

Convendría que se apurara en aplicar dicho “esquema”, pues según el reportaje publicado en La Prensa (29 de noviembre), no hay muchos motivos para abrigar la esperanza de que la discrecionalidad y el favoritismo dejarán de ser la tónica en las actuaciones de la DAS. Citando al excontralor Alvin Weeden, explicó La Prensa que en la DAS “se mantiene el sistema de listas cortas de proponentes, que es el punto que permite la corrupción”.

Otros comentaristas observaron que el manejo político también se mantiene, a través de un “consejo consultivo” constituido por cinco ministros de Estado. Como para recordarnos que todo continúa igual, Flor Mizrachi informó que la DAS “seguirá funcionando en el mismo edificio” que el Estado arrienda a uno de los favoritos del gobierno anterior (“Tal Cual”, 30 de noviembre). Seguramente, la Contraloría General de la República revisó minuciosamente el contrato y encontró todo en orden.

Más que denominarla DAS, que de por sí trae a la memoria un cúmulo de injusticias y abusos, mantener incólume una estructura multimillonaria de clientelismo y corrupción es un despropósito muy grande. Son estas dos de las mayores amenazas a nuestro sistema democrático (una tercera amenaza, el militarismo, merece tratamiento aparte).

El FES, FIS, PAN y DAS son un vulgar escaparate para la compraventa de votos y apoyos políticos. Como mecanismo clientelista, opera a dos niveles, que le hacen gran daño a la democracia.

Permite a los candidatos del oficialismo, sobre todo a los que ejercen cargos públicos (representantes, alcaldes, diputados), el uso de recursos del Estado para promover sus candidaturas. Esto no solo es inconstitucional e ilegal: constituye, además, una violación al principio democrático de igualdad de acceso a los cargos de elección popular, pues les da a dichos candidatos una ventaja que otros aspirantes no tienen.

Además, fomenta la sumisión de los representantes, alcaldes y diputados al Ejecutivo, pues los cargos señalados aspiran a que el Gobierno los favorezca con partidas y proyectos que les permitan comprar votos en sus circunscripciones mediante la distribución de bolsas de comida, útiles escolares, juguetes y otros artículos que reparten con total arbitrariedad.

El presidente Varela tiene la oportunidad de desarticular ese andamiaje de clientelismo y corrupción que tanto daño le hace al país. Roguémosle a Dios que la aproveche.

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