PREOCUPACIÓN

Fracasos en educación: Luis Alberto Morán

Fracasos en educación: Luis Alberto Morán Fracasos en educación: Luis Alberto Morán
Fracasos en educación: Luis Alberto Morán

Hace poco se publicaron las cifras de estudiantes reprobados en las escuelas. Esto es algo que preocupa y alarma desde todas las perspectivas, a pesar de que algunas altas autoridades no le hayan dado importancia y desacrediten la cantidad de fracasos, estimada entre 28 mil y 35 mil estudiantes.

Reprobar en las primeras etapas de formación escolar tiene un impacto negativo directo e indirecto en la sociedad, tanto a corto como a largo plazo. Además, incide de manera “negativa y costosa” porque involucra los recursos que se destinan por estudiante, la calidad de los docentes y de la administración escolar. También en la responsabilidad, como padres de familia, y en el impacto que, como sociedad, sufrimos directamente en cuanto al retraso de la innovación y la competitividad.

¿Nos afectarán a todos, como sociedad, las altas cifras de fracasos de este año? Por supuesto que sí, porque la cantidad de fracasos de los estudiantes refleja el deterioro de una sociedad que deja de prepararse en educación de calidad. Esto es un riesgo a futuro, de cara a la ocupación de las plazas de trabajo que demandará el país en los años venideros.

La falta de dedicación de los estudiantes, la voluntad y el sacrificio reflejan que el sistema educativo no mejora las fallas y/o carencias de los estudiantes. Es más, no hay un plan de mejora, inclusión y/o reincorporación para los estudiantes durante el periodo escolar, lo que lleva a la repetición del año en muchos casos.

Cada alumno representa un costo para el Estado panameño, y el país –con sus recursos– invierte en la formación de cada uno de ellos. Por eso, nuestra mayor preocupación debería ser que cada alumno se forme de la mejor manera, adquiera las habilidades necesarias y que, a través del sacrificio y la dedicación, obtenga notas ejemplares.

Fallamos en materias clave y no premiamos a los mejores, tampoco los elogiamos por esas notas ejemplares. Todos nuestros estudiantes cuentan con una beca con solo asistir a su escuela. Es claro que este beneficio tiene un impacto positivo, porque permite mejorar la asistencia a los centros educativos. Pero, un país en vías de desarrollo, además de la cobertura, debe preocuparse por la calidad de futuros profesionales exitosos.

A cualquier nación en crecimiento le interesa que los mejores compitan entre sí y que desarrollen las mejores destrezas y que nunca dejen de buscar la excelencia. El sistema educativo, con instrumentos e incentivos, debe premiar a los mejores y a los más sobresalientes, procurar que ese máximo esfuerzo, a través de buenas notas, sea premiado y puesto como ejemplo en una sociedad del conocimiento. Necesitamos darle a la sociedad mejores ejemplos, volviendo a las cosas básicas de la vida, como el respeto, la puntualidad, la colaboración y la cooperación.

Hay que reconocer los problemas económicos y sociales que enfrentan muchos de estos estudiantes, y ser más que conscientes de las realidades sociales de nuestros pueblos. Pero, no podemos descuidar la descomposición en los hogares panameños, la separación de los padres y la falta de preocupación de ellos hacia sus hijos. Quizás muchos a estas alturas desconozcan que sus hijos han perdido el año escolar. Como padres, tenemos la responsabilidad de cuidar de ellos. El principal legado que le podemos dar es la educación de calidad, pues ningún país alcanza el anhelado desarrollo si no educa bien a sus ciudadanos y a las nuevas generaciones.

Asimismo, como docentes, no podemos descuidar el liderazgo en las aulas para transmitir conocimientos a la futura fuerza del mercado laboral. Debemos dar un buen ejemplo y apoyarnos más en la tecnología para fortalecer el proceso de enseñanza–aprendizaje.

Hemos dejado de fomentar las actividades cívicas, sociales y culturales en las escuelas. Nos han ganado las peleas y riñas entre alumnos (ahora más frecuentes en las redes sociales) que las campañas de valores que debemos inculcarle a aquella nueva fuerza laboral del futuro.

Debemos ser garantes de que cada recurso invertido en educación registre los retornos adecuados, al final necesitamos profesionales capacitados para que accedan a puestos dignos de trabajo, con un ingreso adecuado a las necesidades actuales. Requerimos ciudadanos de bien que se preocupen por mantener el crecimiento del país y el bienestar para los que vienen.

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