ECONOMÍA

Gasto público y calidad de servicios: Surse Pierpoint

Estamos en los inicios de lo que promete ser una campaña electoral de gigantescas proporciones en cuanto a promesas se trata, cada uno prometiendo ser mejor que el anterior. Es parte del proceso en el que cada cinco años debemos escoger a quien pensamos es la persona más adecuada para dirigir los quehaceres públicos en todos los niveles de los estratos administrativos de la Nación.

Hemos tenido la dicha en la era posdictadura de participar en cinco campañas y los resultados están a la vista de todos. Panamá ha cambiado, irremediablemente para algunos, en los últimos 25 años. El último quinquenio, probablemente, es el que en términos de gasto público ha sobrepasado todos los anteriores. El gasto en inversión de infraestructura vial es el más notable para cualquier ciudadano residente en la capital.

Faltando menos de un año para cumplir su mandato, esta administración empezará a inaugurar una cantidad importante de obras que servirán para ilustrar su capacidad de cumplimiento, con el ánimo de repetir su gestión. El presupuesto nacional para este último año es superior a los $16 mil millones. Con un producto interno bruto de $39 mil millones, que supone una relación del 41% como peso del Estado en la economía.

Milton Friedman describió cuatro ejemplos de gastos que nos pueden ayudar a comprender el fenómeno descrito. (http://youtu.be/5RDMdc5r5z8). El Dr. Friedman decía que puedes gastar dinero tuyo en ti mismo. Esta es la situación más común, uno decide, con mucha cautela, en qué gasta lo que gana y la relación precio/valor. La siguiente ocurre al gastar dinero propio para otra persona, es decir, yo tengo que comprarle un regalo de cumpleaños a un amigo. En este caso, tal vez, lo “que” compro no es tan importante como el “cuánto vale”. El tercer ejemplo es cuando gasto dinero de otro para mí; por ejemplo, si alguien me invita a comer y pido algo que normalmente no sería de mi elección, porque no podría pagarlo. El último caso que nos da el Dr. Friedman ocurre al gastar dinero ajeno en otra persona. Sobre este caso en particular Friedman decía: “No me importa mucho cuánto vale ni el valor del mismo”.

Este último escenario es el que mejor representa cómo interpretamos el rol del Estado en nuestra sociedad y por qué critico el tamaño del Estado relativo al de la economía en general. La regla básica de cualquier economía es que los recursos son escasos y las necesidades son infinitas, por lo que la cautela e innovación, en cuanto a cómo uso los fondos, son las reglas que nos deben guiar para tratar de garantizar la mejor inversión de los recursos escasos y obtener el mayor beneficio social.

El punto es que, ante un panorama de pocos recursos y de necesidades infinitas, es el individuo quien garantiza la mejor relación de en qué gastar su dinero y qué recibe por ese gasto o inversión, mientras que el único interés del Estado es “quedar bien” con la población, sin hacer mucho énfasis en el valor que se recibe a cambio de ese gasto o inversión. Entre más distante está la fuente del ingreso al uso de ese ingreso, mayor posibilidad de no estar recibiendo la mejor relación costo valor.

Con este ejemplo, Friedman ilustra por qué pensamos que el individuo es un mejor administrador de sus ingresos que el Estado. Ahora bien, algunos dirán que hay necesidades que solo puede suplir el Estado, y allí creo podemos debatir cuál debería ser el rol de este en la sociedad.

Hay opiniones que van desde el socialismo a la anarquía, pero hay que reconocer que el rol del Estado, en su justa dimensión, es proveer y/o garantizar salud, seguridad y educación. Lamentablemente, aquí Panamá marca bien en cuanto al nivel de gasto comparado con otros estados, pero mal en el resultado y la calidad de los servicios que recibimos. Pareciera que entre más gastamos, peor el resultado. ¿Por qué será?

Como dijo mi amigo, Carlos Sabino: “Un Estado amplio, que en todo interviene, está constituido por una inmensa legión de empleados y burócratas y una maraña de regulaciones que resultan el caldo de cultivo más eficaz para la corrupción de los funcionarios. Las tentaciones aumentan a medida que crece el Estado y se hace más complejo y, por lo tanto, menos transparente y más difícil de auditar”.

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