DISCURSO DE REACCIÓN

El Gobierno frente a las protestas: Jaime Cheng Peñalba

En el lenguaje vernacular de nuestra campiña se suele expresar, cuando participas de una junta de embarre: Si metes el pie en el lodazal, trata de sacarlo rápido, de lo contrario la carga se hace más pesada y puedes caer en la ñanga (lodo). Este no parece ser el caso, cada vez que hay una respuesta del Gobierno ante cualquier acción ciudadana o comunitaria en reclamo de sus derechos. En primer lugar, el discurso gubernamental es de reacción no de mediación. En casi todas sus declaraciones, el ministro Mulino expresa su arrogancia y desprecio por lo que no se ajusta a la línea del Ejecutivo.

En la crisis de las protestas indígenas contra la minería y la explotación hidráulica se percibe una “tolerancia cero” ante los reclamos y manifestaciones de la comunidad ngäbe. Un día antes al evento de represión, el propio presidente Martinelli utilizó la expresión: No toleraremos “republiquitas”, refiriéndose a las demandas de los indígenas, argumento que refleja una línea de puertas cerradas, así como un postura marginal hacia los grupos de mayor vulnerabilidad en el país.

En segundo lugar, el ministro Mulino, como parece ser ya costumbre ante cada hecho de protesta social, minimiza, altera, desacredita y hasta crea escenarios salpicados de mucho contenido paranoico. Ordena la represión, sin que exista antes una voluntad seria de negociación. Utilizando la táctica del juego de billar, primero arremete contra la Iglesia católica, tildándola de instigadora; luego enfila contra el Suntracs y los acusa de patrocinar actos vandálicos. Desmiente a algunos medios de comunicación que cuentan su versión de lo ocurrido, se enfrenta a los precandidatos de otras agrupaciones políticas de oposición, interrumpe el flujo de comunicación por celular sin que exista una declaración de estado de excepción, señala que hay elementos foráneos infiltrados, incluso, de “ultraizquierda” patrocinando las revueltas.

Sr. ministro, por si no lo sabe, la época de la guerra fría terminó hace muchos años y el discurso de capitalistas versus comunistas refleja un profundo desconocimiento de la historia. No sé cómo no se les ocurrió decir que los simpatizantes de Bin Laden, también, estaban detrás de los arbustos, instigando a los indígenas para emprender acciones terroristas. Hay cargos en el Gobierno que requieren un perfil de mesura y tranquilidad para hacer frente a los conflictos y el de ministro de Gobierno y Justicia es uno de ellos. El uso de la fuerza no demuestra más que intolerancia e incapacidad de mediación.

La historia tiene muchos caprichos. Fue precisamente el ministro Mulino, otrora dirigente de la Cruzada Civilista, quien enarbolara la bandera contra la represión y por el derecho a cerrar las calles, como medida de presión contra el régimen militar de aquella época. Una posible lección que nos deja esta coyuntura de protestas es que actuar con insensatez y carecer de prevención ante posibles eventos le arrebata puntos al Gobierno. El Presidente debe revaluar su discurso ante las protestas sociales y buscarse mejores mediadores, con acciones de efectiva coordinación ante los distintos actores del quehacer nacional, porque “meter la pata” en lugar de las manos, como fue su sugerencia de campaña, y no sacarla a tiempo, como en las juntas de embarra, le puede acarrear costos lamentables.

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