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COLUMNA INVITADA

Menos es más: Gonzalo López Menéndez

Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo cada año se pierde o acaba en la basura. Se desperdician cerca de mil 300 millones de toneladas de alimentos para el consumo, según el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. El ser humano ya no produce para satisfacer las necesidades de la gente, sino para satisfacer el modelo de consumo. A través del bombardeo mediático nuestras necesidades se han incrementado y con ellas un modelo que pone en peligro la vida de millones de especies, incluida el ser humano. Ahora desarrollo no significa vivir mejor, sino tener más.

En la casa más pobre puede faltar una cama, pero jamás faltará un televisor. Millones de alimentos en la basura, ordenadores obsoletos cada año, móviles que se renuevan sin cesar, colecciones de ropa que cambian cada semana. Las cosas envejecen en un abrir y cerrar de ojos, para ser reemplazadas por otras que correrán la misma suerte. En las noticias aparecen empresas de bolsa que suben y bajan, y nos preocupamos por la economía, no por las personas. Son nuestros hábitos de consumo. El derroche se ha convertido en derecho y privilegio de todos.

Se ha alcanzado un punto en el que se podrían enterrar ciudades enteras solo con las cosas que no necesitamos. La costumbre ha amortiguado la sensibilidad y la ansiedad por comprar ha alimentado el sistema de consumo. La economía depende cada vez más de las enormes producciones de bienes.

En 1961, la humanidad consumía dos tercios de los recursos naturales disponibles en el planeta; ahora se precisa más de un planeta y medio para abastecer dichas necesidades. La explotación de los recursos naturales que sostiene ese modelo ha causado el cambio climático. La falsa creencia de que la destrucción del medio ambiente es un mal necesario para el desarrollo puede convertir gran parte de la fauna y flora en recuerdos para la historia.

El modelo de desarrollo ha provocado una degradación medioambiental y social, pero las acciones que pueden mejorar la vida del planeta están en las manos de todos. Existen otras maneras de hacer las cosas; el ser humano ni necesita ni vive para el sistema de desarrollo. Un consumo justo, solidario, responsable y adecuado con la naturaleza es posible. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales, decía el escritor Eduardo Galeano.

“Solo después de que el último árbol sea cortado, solo después de que el último río haya sido envenenado, solo después de que el último pez haya sido atrapado, solo entonces nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”, cuenta la profecía india. Porque cada vez hay menos árboles, menos agua, menos vida, y sin embargo el consumo aumenta. El medio ambiente va más allá de pelear por los derechos de los animales, bosques, océanos o el efecto invernadero; es luchar por nosotros mismos. Cada día es una oportunidad nueva de hacer mejor las cosas, y ser mejor no es tener más, sino necesitar menos.

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