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FENÓMENO SOCIAL

Hambre, pandillerismo y familia: René Quevedo

De nuevo se enciende el debate sobre la inseguridad en el país y hay cuatro temas recurrentes: de quién es la culpa, lo que no se está haciendo (Gobierno, policía, autoridades), nuestros “villanos favoritos”, las pandillas, y la idea de que construir paz no nos incumbe.

Pero mientras nos entretenemos en sesudos debates intelectuales, “buscando la fiebre en la sábana” y soluciones esotéricas en materia de violencia, avanzamos hacia una “polarización suicida” entre dos extremos.

Por un lado, una sociedad civil hablando de violencia en tercera persona como “asunto de otro”, “reclamando” paz; rehén de sus propias percepciones y sintiendo que lo “único” que puede hacer para reducir la violencia es ponerse una gorra, una camiseta; decirle al Gobierno lo que debe hacer y salir a marchar para clamar que alguien haga algo, bajo la premisa de que la violencia en nuestras calles desaparecerá por “mandato divino”, sin la intervención directa nuestra, como individuos y como sociedad. Mientras que, por el otro, vemos un grupo cada vez mayor de jóvenes, pobres, hambrientos, ignorantes, ignorados, sin educación, guía, estructura o valores, sin alternativas, llenos de odio y sin nada que perder.

La creciente alienación social de estos muchachos es la “gasolina” que ha alimentado la explosión en el número de pandillas, de 88 en 2005 a 260 en 2011. Esta tendencia continuará, y mucha de esta “capacidad logística” está siendo usada para hampa común.

Nos empeñamos en buscar respuestas coyunturales e inmediatas a deficiencias estructurales, y soluciones “mediáticas” a problemas sociales, mientras en Panamá hay 732 mil menores de edad pobres (incluyendo el 54% de todo panameño entre 6 y 18 años), 126 mil muchachos entre 16 y 28 años que no trabajan ni estudian, 83% de los jóvenes en nuestros barrios siente que (pese al boom económico) las oportunidades laborales no han mejorado, y la reincidencia delictiva en nuestras cárceles es del 60% en adultos y 72% en menores de edad.

En la Fundación Jesús Luz de Oportunidades trabajamos en áreas rojas, a través de la labor de 27 excabecillas y exmiembros de las pandillas más violentas del país, quienes son hoy “soldados de Cristo y agentes de pacificación”, así como la operación de varios comedores infantiles atendidos por expandilleros, en áreas con activa presencia de pandillas y el apoyo de la empresa privada.

A través de esta experiencia enfocamos el pandillerismo como un fenómeno social, no policial, que tiene su raíz en el núcleo familiar, cuya inexistencia, debilidad o ruptura inhibe al joven de su primer marco de estructura, identidad, afinidad, seguridad y pertenencia, que luego asume la pandilla, la cual para muchos de estos niños (as) se convierte en la única “familia” que conocen. Cada vez más jóvenes en nuestros barrios se asocian para delinquir, pero el enemigo no es el pandillero, es el hambre, y el hambre siempre será más fuerte que el miedo.

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