CAMBIOS IMPORTANTES

Hartos de la política...: Daniel R. Pichel

Estoy convencido de que la forma como funciona la política en los países democráticos está próxima a cambiar radicalmente. Llego a esa conclusión después de observar lo que ha ocurrido en muchos países donde se han dado, o están por darse, procesos electorales. En general, el patrón se repite, una y otra vez. Obviamente, se podrá hacer todo un tratado de ciencias políticas, dando razones para pensar que todo seguirá como siempre. Honestamente, yo no lo creo.

La idea general de que los partidos políticos son imprescindibles para que un sistema funcione parece estar haciendo agua. La razón es muy simple. Los partidos se han convertido en organizaciones en que las cúpulas toman decisiones que tienen como prioridad llegar y mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Y ese “lo que sea” incluye corrupción, mentiras, trampas, manipulación o traición a quien sea necesario, para alcanzar el objetivo. Por supuesto, la percepción general es que todo esto ocurrirá al margen de las necesidades reales de la gente a quienes deben sus cargos y que, de paso, les pagan el salario. Como es obvio, la prioridad política se ejerce montada sobre un montón de mentiras destinadas a convencer a los votantes para que apoyen un programa muy elaborado que resolvería todos los problemas que aquejan a la población.

En vista de estas actitudes, la respuesta natural de la gente es rechazar cada vez más todo aquello que tenga que ver con el ejercicio de esa política tradicional, basada en cúpulas de partidos a los que solo les preocupa sus necesidades político-electorales. A esta sensación de rechazo, se suma un elemento con el que nadie contaba hace 10 años. Las redes sociales constituyen un disruptor de ese equilibrio que por décadas reguló la conducta de políticos y votantes. Ahora, todo el mundo puede expresar opiniones que en segundos se diseminan a grandes distancias y, como mínimo, animan el cuestionamiento de personas que, bajo las reglas tradicionales, simplemente, aceptarían la mentira que dicen los políticos antes de cada elección.

Y es que el mundo entero está harto de las maniobras de los políticos para mantenerse en el poder y apoyar a los grupos que los financian. Si no, veamos algunos ejemplos: En Venezuela, la catástrofe bolivariana no es más que la consecuencia de un sistema en el que dos partidos, cada uno más corrupto que el otro, se turnaron el poder por décadas, manteniendo una especie de “pacto de no agresión” mutuo, mientras le esquilmaron a la nación miles de millones de dólares provenientes del petróleo. Al final, el pueblo venezolano llegó a tal nivel de hastío que a lo que aspiraban era, simplemente, a un cambio. Y el cambio se dio, pero dirigido por un paracaidista megalómano que se sintió la reencarnación de Simón Bolívar y que, rodeado de resentidos, se las arregló para quebrar un país con muchísimos recursos, que actualmente vive una crisis de proporciones inauditas.

Otro ejemplo de lo que representa la indignación de la población es España. Después de más de 30 años de democracia, en que los gobiernos han estado básicamente en manos de dos partidos (el PP conservador y el PSOE liberal), la incomodidad de la población se ha ido haciendo cada vez más evidente. Esto hace crisis con el movimiento de “Los indignados”, que se instalaron en la Puerta del sol de Madrid en 2011, cuestionando los excesos de un sistema económico que, ante la complicidad de los gobiernos, abusó de la gente, haciéndolas perder sus casas y sus ahorros, al colapsar un sistema financiero basado en especulación. Aquel movimiento, haciendo uso de las redes sociales, le dio presencia real a personas que nunca habían sido tomadas en cuenta. De allí, en la elección de diciembre, se produce por primera vez una división política entre cuatro partidos, haciendo imposible conformar una estructura de gobierno estable. Pero la razón de fondo parece tener mucho que ver con el interés de cada uno de esos partidos y sus dirigentes en lograr el mejor posicionamiento posible con miras a unas potenciales nuevas elecciones. Y mientras, el país... bien gracias...

Pero el ejemplo más curioso es lo que se ve en el horizonte de la elección presidencial en Estados Unidos (EU). Los que parecen encabezar la intención de voto son los candidatos que representan lo más diferente al sistema político tradicional. Por un lado, Donald Trump que tiene un discurso incendiario enfocado en luchar contra el terrorismo, la inmigración y la delincuencia de la forma más salvaje posible, y por el otro, Bernie Sanders que propone convertir a EU en un país con un sistema social muy parecido al de los países escandinavos. Estos dos extremos (dentro de las limitaciones que implica hablar de “extremos” en nuestro vecino de allí arriba), solo confirman que la población, principalmente la juventud, está harta de la forma como los políticos se asocian con el poder económico para seguir beneficiándose mutuamente, sin tomar en cuenta a los ciudadanos.

Ante todo esto, quién sabe cuál sea el desenlace de esta mezcla de disgusto y desilusión, pero todo hace pensar que, más temprano que tarde, se darán cambios importantes en la manera como se practica la democracia que, a fin de cuentas, es el gobierno del pueblo y no de las cúpulas de los partidos...

@drpichel

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