DÍA DEL MÉDICO

Hipócrates y los galenos panameños: Rafael de Gracia Ruiz

“Primero no hacer el mal” es la máxima clásica por excelencia que enmarca el quehacer de los médicos en todo el mundo. Hoy, en la modernidad de la ciencia médica, ampliamos este axioma a cuatro principios bioéticos: respetar en todo momento la autonomía del paciente; actuar con justicia; siempre procurar el beneficio del paciente y nunca actuar con maleficencia.

Infortunadamente, la historia nos muestra innumerables traidores a estos principios. Por ejemplo, quienes anteponen el lucro desmedido como recompensa a sus faenas o aquellos que se imponen con sofismas que engatusan a los más crédulos o, peor aun, los que desde posiciones prominentes logradas por méritos de dudoso origen emiten conceptos equivocados producto del desconocimiento craso en la interpretación de datos epidemiológicos o cifras estadísticas.

La medicina panameña pasa por una crisis. Nuestros problemas surgen desde las escuelas de medicina, donde encontramos deficiencias en los sistemas de enseñanza contructivista basados en valores; en los centros de atención médica, en los que con más frecuencia de la que quisiéramos se da la aplicación de pseudocriterios que desconocen el poder resolutivo de la medicina basada en la evidencia; en el nivel de las propias autoridades, que parecen haber olvidado que además de curar debemos prevenir, detalle este que fácilmente evidenciamos en las cifras de atenciones hospitalarias de enfermedades que bien pudieran haber sido manejadas, apropiada y satisfactoriamente, en las consultas externas periféricas y no congestionar innecesariamente los hospitales, lo que sugiere una cobertura poco efectiva o mal organizada del sistema de atención primaria.

Lastimosamente, estas situaciones con facilidad son propiciadas o empeoradas por desatinos de la autoridad, sea por comisión u omisión. Sobre todo, cuando ignoran olímpicamente las opiniones competentes de la contraparte técnica en estos menesteres.

Por fortuna, al igual que el médico que lucha con tenacidad frente a la dolencia de su paciente con la idea de vencer todos los inconvenientes y devolverle la salud, en nuestra crisis nacional la esperanza también es lo último que muere.

Podemos estar seguros de que contamos con muchas más personas honestas, humanitarias, apegadas a la ciencia y con ideas progresistas, que aquellas detractoras, ignorantes y destructivas. Solamente requerimos que la autoridad permita que estas buenas personas hagan su trabajo y procuren alejar lo más posible la política del camino de la gestión de los servicios de salud, recordemos que también ayuda el que no estorba.

Soy consciente de que, en un día tan especial como hoy, este escrito pueda ser un poco duro. Sin embargo, no tocar el tema particularmente en una fecha memorable como esta sería vivir una fantasía. Tradicionalmente, la medicina es ciencia y arte, a lo que agregaría solidaridad y profesionalismo... jamás una fantasía.

Colegas panameños, ¡muy feliz día del médico!

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