IDENTIDAD NACIONAL

De la cátedra ´Historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos´: Giancarlo Soler Torrijos

Durante el debate entre presidenciables el pasado 7 de abril, Juan Jované inquirió, de forma incisiva, al candidato José Domingo Arias si estaba de acuerdo con la derogación de la ley que hacía obligatoria la cátedra de Historia de las Relaciones entre Panamá y Estados Unidos en los colegios secundarios del país.

No es un asunto que concentre la atención de la mayor parte de la población, pero no tengo duda de que esta cuestión puede cobrar mayor interés en el debate que se llevará a cabo hoy en la Universidad de Panamá, porque una gran porción de quienes piden revivir dicha ley son, precisamente, docentes de esa casa de estudios.

Por ello creo necesario ofrecer mis reflexiones tanto a los candidatos como al público que le ha dado seguimiento a esta discusión.

Durante más de tres lustros investigué y ejercí la docencia sobre las relaciones Estados Unidos-América Latina en universidades en Ecuador y México, con atención muy especial en las relaciones entre ese país y Panamá, y lo que ello implicó para nuestro devenir como nación independiente.

Mis publicaciones al respecto las pueden ver en los catálogos de las bibliotecas del Congreso, en Washington, DC, y de varias universidades en Panamá, México y Estados Unidos.

Quienes adversan dicha decisión argumentan que ese cambio atenta contra la identidad nacional. Desde mi perspectiva, no hay nada más lejos de la realidad. Constituyó una medida significativa en una época en la que deseábamos resaltar la lista de agravios acumulados que habían servido para nutrir nuestra aspiración por completar nuestra soberanía.

No obstante, lo paradójico es que Panamá reconquistó su autoridad sobre el territorio canalero gracias a que en sus relaciones exteriores se alejó de ese esquema bilateral y aprovechó al máximo las ventajas que las condiciones regionales y globales le aportaron a su causa.

El país dejó de ser víctima de las circunstancias y pasó a ser protagonista de su propia historia, gracias a las acciones que los gobiernos de Panamá libraron en los foros y organismos internacionales, y ante el resto de la comunidad internacional.

Este esfuerzo lo iniciaron los presidentes Ernesto de la Guardia (1956-1960) y Roberto F. Chiari (1960-1964), aunque sin mucho éxito. Más tarde Omar Torrijos (1969-1978) redimensionó este enfoque, en un contexto regional y global mucho más favorable para la causa panameña.

Ello implicó dejar de lado el cauce excesivamente asimétrico entre esa gran potencia y nuestro país, una realidad que solo podía beneficiar al actor más poderoso.

Lo cierto es que la identidad nacional no se construyó solo a partir de esa contraposición entre Panamá y Estados Unidos. Han acudido muchos otros fenómenos, muy numerosos para listar aquí. La historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos es parte, pero no se circunscribe a ella.

Por ello estoy plenamente de acuerdo con la decisión de retirar dicha cátedra y de transformarla en una asignatura denominada “Historia de Panamá para un Mundo Global”. Espero que el próximo gobierno mantenga esta iniciativa.

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