TÁCTICAS DE GOBIERNO

Historia de un país: Rodrigo Tomás Sang De León

Había una vez un país en el que, por más de 20 años, gobernó una corrupta narcodictadura militar que profundizó la decadencia de los valores. Cuando ese país recuperó la democracia las expectativas de los ciudadanos eran un tanto exageradas, al punto de que muchos creían que vivir en ese sistema de gobierno era la solución de todos los problemas que los aquejaban.

Pasó el primer gobierno democrático y volvió al poder el partido que había sido el brazo político de los corruptos militares, muchos de sus miembros no terminaban de aprender lo que significaba realmente ser demócratas. Culpaban al primer Presidente de la nueva era por haber permitido que la oposición regresara al poder. ¡Qué equivocados estaban! Y el tiempo les enseñaría que aquel Presidente había actuado como correspondía a un verdadero demócrata.

Los siguientes gobiernos volvieron, poco a poco, a caer en los vicios que según muchos llevaron a los militares a instaurar una dictadura. El tráfico de influencias, el nepotismo, la falta de transparencia y el ataque hacia los medios de comunicación independientes volvieron a estar de moda.

Los dos partidos tradicionales se alternaron en el poder por cuatro períodos presidenciales, mientras la frustración y el desencanto de los ciudadanos crecía. El terreno perfecto estaba dado para que llegara al poder un millonario empresario que prometió romper con todas esas malas prácticas, con transparencia y rendición de cuentas y respetando a los medios independientes. En fin, aquel millonario, con imagen de prepotente, consiguió a expertos en mercadotecnia política que lo vendieron como el verdadero cambio para aquel sufrido país.

Por medio de una inversión publicitaria sin precedentes, el millonario logró doblegar a uno de los partidos con mayor historia del país, del que siempre renegó, pero necesitaba su estructura política para alcanzar el poder.

Solo fueron 26 meses los que duró aquel matrimonio forzado. Luego, el millonario, que desde el inicio jugó sucio a sus aliados al obligar a muchos de sus miembros a inscribirse en su partido y se dedicó a comprar a diputados en una Asamblea Nacional en la que a su partido el pueblo jamás le dio mayoría, sacó a relucir sus verdaderas intenciones de acaparar todos los poderes del Estado e hizo grandes negociados en las múltiples obras de infraestructura que construyó.

El millonario tenía clara la imagen tan deteriorada de la clase política de su país, era evidente que la gente pensaba que todos robaban al llegar al poder y las obras no se hacían. Brillantemente, él se dio cuenta de que la mejor manera de robar era construir obras por doquier, pues el pueblo diría que todos roban, pero que al menos este hace obras.

La manipulación de la opinión pública continuó con un inédito bombardeo publicitario estatal que, exitosamente, logró convencer a muchos de que la institucionalidad no se come, que tener un presidente chabacano que ofende todos los días a sus opositores está bien, porque después de todo ha hecho más que todos los demás, y que lo importante son las obras, aun si cuestan 41% más de lo estipulado originalmente.

Los ciudadanos decentes de aquel pequeño gran país se debatían entre permitir que continuara el latrocinio gubernamental o, finalmente, hacerle ver al pueblo que la corrupción le roba el futuro a sus hijos y que la demagogia del millonario mitómano podría acabar con uno de los mejores países del mundo.

¡Cualquier similitud con un país que ustedes conocen es mera coincidencia!

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