RESPONSABILIDAD CIUDADANA

Homenaje a la bandera panameña: Marianela Preciado de Marchosky

Hace unos días, me decidí a poner mis banderitas panameñas en el carro. Por más que parezca algo simple, para mí era un compromiso. No quería colocar la bandera como un adorno más en el parabrisas, necesitaba creer que soy digna de llevar ese símbolo querido a la vista de todos. Por eso, estuve meses pensando en qué promesas le haría a la bandera para que ella estuviera orgullosa de mí.

Seré puntual, honrada y agradecida. Daré, siempre que pueda, lo mejor en mi trabajo y en mis relaciones personales. Seré cortés, cederé el paso, tanto a otros vehículos como a los peatones, y no tocaré el pito de mi automóvil por frustración. Jamás ensuciaré las calles, los jardines ni las aceras de la ciudad. ¿Cómo puedo decir que quiero al país, si echo basura en su rostro?

No seré una “juega vivo”, comprenderé que todos estamos igual de cansados y apurados, y que pasarme las luces rojas o transitar por el carril contrario para sobrepasar a los que sí respetan las leyes, puede resultar en un accidente en el que pierda la vida una persona, y eso no es querer al país.

Si luzco la bella bandera de Panamá en mi carro, a la vista de todos, entonces debo ser un ejemplo, tanto para mis compatriotas como para los miles de extranjeros que aquí viven. Quiero que vean que los panameños sí podemos ser amables, respetuosos, corteses, ordenados... ¿Por qué no?

Estoy convencida de que llevar el emblema nacional es un privilegio que debo ganarme y mantener, no puedo ostentar ese emblema nacional y faltarle el respeto de ninguna manera a mis compatriotas. Pensemos: ¿Cómo se ama a la patria y a la bandera, si no es a través de ser buenos ciudadanos en todo momento, aunque no nos estén viendo?

Todavía no sé si seré capaz de cumplir a diario con todo esto, pero ahí está la bandera en el parabrisas, y me recuerda que solo si cambio, puedo esperar que cambiemos todos por el bien del país.

Así como Panamá no es solo un pedazo de tierra, sino que está formada por los ciudadanos que nacimos y crecimos aquí, la bandera tampoco es un pedazo de tela, es nuestra alma criolla que ondea feliz, cuando un panameño hace algo bien.

Ojalá yo sea digna de lucirla todo el año en mi carro y que esto me recuerde la suerte que tengo de ser panameña y el trabajo que debo hacer para que jamás deba quitarla por haber faltado a mis promesas. “Bandera panameña, juro a Dios y a la patria, amarte, respetarte y defenderte, como símbolo sagrado de nuestra nación”.

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