EDUCACIÓN SUPERIOR

Honrar honra: Juan Planells

Nadie en Panamá que conozca el sector educativo o empresarial puede desconocer el excelente trabajo que realiza la Universidad Especializada del Contador Público Autorizado (Unescpa) en la formación de los buenos profesionales que el país necesita. Su fundación ha sido fruto del compromiso de un distinguido gremio del país por contribuir con la preparación de los auditores, financistas y contables que acompañen el crecimiento económico y el desarrollo social del que nos sentimos orgullosos.

La calidad de sus egresados es buena muestra de un ejercicio serio en materia de educación, y la pertinencia de sus programas es reconocida por los dirigentes de la empresa pública y privada, tanto a nivel nacional como internacional. Unescpa ha sido una clara expresión de los resultados que se obtienen cuando el sector académico y el productivo se unen para ofrecer la educación que responda a las grandes necesidades sociales.

Hace ya algunos años fui invitado a participar, como testigo, en la graduación del primer grupo de auditores que el país reclamaba con urgencia, y compartí con sus profesores la satisfacción de saber que su formación profesional era atendida con rigor universitario, en un área del conocimiento especializado de enorme importancia para el desarrollo, donde existe escasa oferta del algún valor.

Por muchos años, los empresarios reclamamos la necesidad de más y mejores auditores que supervisaran el manejo ordenado de la actividad pública y privada, hasta que a mediados del 2004 el Colegio de Contadores Públicos Autorizados de Panamá supo dar oportuna respuesta a esta necesidad con la fundación de Unescpa. Desde entonces, el trabajo de sus docentes y administrativos ha estado acompañado por los más destacados profesionales de la auditoría y la contabilidad en ejercicio en Panamá.

Sin embargo, la Unescpa, que ofrece programas de estudio debidamente autorizados por la Universidad de Panamá como exige la ley, se convirtió en el primer centro de enseñanza superior que no logró acreditarse como universidad por el Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá, alimentando una duda en la comunidad sobre el valor de su trabajo y poniéndole límites finales y fatales de un año para completar requisitos que otras universidades han tardado décadas en alcanzar. La decisión adoptada es el resultado de una ley mal diseñada, que concede poderes excesivos a un consejo mal integrado, que no contempla modelos de educación superior dignos de acreditación diferentes a los esquemas de la universidad tradicional, como única alternativa de formación de tercer nivel para nuestros jóvenes. No hemos podido escapar de esa tradición que desconoce vocaciones para el joven, diferentes del título netamente académico como expresión de una competencia que no siempre otorga.

Es lamentable que un proceso que busca mejorar la calidad de la educación superior en Panamá, y que cuenta con el apoyo de todos los que estamos comprometidos con este objetivo, incluyendo las universidades que se sometieron a la acreditación, desconozca el trabajo de Unescpa, y deje en el descrédito a una institución que brinda respuestas positivas que el país reclama. Ya no se trata de la eliminación de las llamadas universidades de papel o de garaje que funcionaban irregularmente, sino de instituciones ejemplares que merecen reconocimiento y respaldo por el trabajo que realizan.

Lo que Panamá necesita es multiplicar modelos como el de Unescpa, y lo que merecen es apoyo oficial para perfeccionar su oferta, y no restar méritos a su trabajo amenazándolas con su cierre. Las autoridades deben promover alternativas de educación que respondan a las necesidades de una sociedad en cambio, como la experiencia ejemplar de un centro educativo que representa la verdadera unión universidad-empresa con la participación de un gremio profesional y de renombrados académicos unidos por el interés de ofrecer una formación superior pertinente.

Ojalá rectifiquemos en el camino de aplicar una ley que condena y adoptemos el de reconocer y apoyar esfuerzos de indudable valor social en el área de la educación superior. Esto le daría al acreditador la credibilidad que se requiere para que sea reconocido, porque honrar, honra.

Mientras tanto, el sector empleador seguirá distinguiendo a los graduados por sus actitudes y aptitudes, más que por los papeles que muestren los niveles académicos alcanzados o por las instituciones que los gradúan. Esa es la mejor acreditación, la que está fundamentada en su valor social. En ese camino los egresados de Unescpa tendrán siempre el reconocimiento de las empresas que valoran el conocimiento, las competencias y la conducta a la hora de escoger a sus colaboradores.

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