BUEN TRABAJO

Honrar la labor del médico rural: Ariel Barría Alvarado

En las últimas semanas se ha evaluado bastante el papel de los médicos, en particular de los rurales. Si hay una profesión con la que, al igual que la del magisterio, todos tenemos relación, es la de los galenos. Por eso, en el caso de unos y otros, siempre tenemos algo que decir cuando, para enaltecerlos o denostarlos, se habla de ellos.

Si bien las prisas que vivimos y el marco sociopolítico que nos rodea obliga a andar pendientes de nuestros derechos, por el continuo desfilar de sombras que los amenazan, ese camino puede llevarnos a desconocer parte de los deberes; uno de ellos es reconocer lo que se hace bien. Pocas veces decimos palabras de agradecimiento cuando quien ejerce una labor le agrega el valor que proviene de la vocación de servicio, esa cualidad del oficiante que disfruta haciendo bien lo que manda su profesión.

Hay diferencias abismales entre la forma de servir un plato por parte de un camarero que siente que su trabajo es una obligación, y el modo en que lo hace quien ejerce esa labor casi como un arte, con el que enfrenta dignamente sus responsabilidades. Claro, hay factores que influyen sobre tal proceder, en los que no vamos a ahondar, pero recalcamos que es un ejemplo que aplica a todas las profesiones. La del médico entre ellas.

El pasado 5 de noviembre, en un área rural de Las Lajas, en Chiriquí, enfrenté un percance de esos que nos revelan cuan fugazmente se nos puede ir la vida, o por lo menos comprometer la salud de manera permanente. Realizando una labor propia del campo, sufrí una herida bastante profunda sobre el párpado izquierdo, lo que motivó que mis familiares me condujeran al Hospital de San Félix.

Tanto oímos sobre las carencias en los nosocomios rurales que, por el camino, pensaba encontrarme, sobre todo por las fechas y el reciente paro en el sector salud, con un portazo en la cara. Hasta lo hubiera comprendido. Pero nada de eso sucedió. Sacando tiempo entre dos madres en labor de parto, un ngäbe que salió mal parado de una pelea y de una preciosa bebita indígena que tosía con fiebre, fui atendido por la Dra. Jenny Sittón con una prontitud y eficacia similares a las que vemos en los programas de televisión que ensalzan el compromiso médico. Fue una atención de primer mundo en un ambiente que no lo prometía, y el factor que hizo la diferencia no fue el instrumental ni los quirófanos, sino la actitud. Y no solo fue conmigo, la vi repetirse, una y otra vez, con los demás pacientes mientras era suturado. Oí que faltaban gasas, que no contaban con hilo y agujas adecuados, algo sobre los antibióticos, pero, de veras, ¡no es lo que recuerdo! La impresión que me quedará fue la disposición con la que hicieron de un acontecimiento potencialmente grave, una anécdota para compartir. Sé que hay muchos como la Dra. Sittón por esos campos, como las enfermeras Lorena Espinosa y Yoris Cruz, y el técnico Nelson Saucedo, o como el licenciado Carlos Chacón, de farmacia. Que este artículo sea un modo de decirles a ellos, y a los que actúan igual en cada profesión u oficio, gracias por hacer bien lo que, simplemente, pudieran hacer para cumplir su jornada ¡Gracias por siempre!

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