DEFENSA DE LA FAMILIA

Iglesia católica y la educación sexual: Clarence C. King

En un artículo publicado recientemente se cuestiona la postura de la Iglesia católica referente al proyecto de ley de educación sexual y su trayectoria en la historia del mundo.

La Iglesia católica es un simple transmisor del mensaje de Jesucristo, aun no siendo, como se ha insinuado muchas veces, “digno de su llamado”; pero aunque el mensajero sea pecador, eso no tiene por qué desvirtuar el mensaje.

El proyecto de ley de educación sexual es una avanzada ideológica que en realidad no interesa educar sobre el sexo, sino en contra de la familia tradicional y de la Iglesia, instituciones que luchan para que no quede en manos de personas que lo utilicen como método de penetración ideológica, lejos de su real importancia médica, psicológica y social; sin amor, ni responsabilidad ni matrimonio ni familia como proyecto de vida; solo relaciones sexuales vacías y su reducción a mera genitalidad.

Lo que se quiere es ubicar la educación sexual en su ámbito natural; el de la familia, institución encargada por milenios de transmitir valores, creencias y vivencias. Sustraerle a la familia su rol protagónico en la formación de la persona es una sutil manera de fomentar la desintegración de sus vínculos, tarea ideológica en plena ejecución.

Llamar educación sexual a la promoción y entrega a niños de anticonceptivos y condones, y creer que con eso los abusos sexuales, violaciones y embarazos precoces van a disminuir, es ser iluso.

Lo que estamos enseñando a la juventud hoy día con nuestra postura y con la distribución masiva del condones, es que desde una tierna edad y desde que es corporalmente posible, que la promiscuidad sexual es inevitable, que es lo normal, que es lo moderno, y luego queremos tapar sus consecuencias con la “fácil” solución del aborto y la esterilización.

Luego de más de 30 años de fuertes campañas internacionales y locales, insistiendo en el preservativo, los anticonceptivos y el condón, los embarazos precoces y no deseados siguen en aumento exponencial, a la par que no se contiene el aumento del sida ni enfermedades de transmisión sexual; lo que apunta al fracaso de nuestra política de salud pública, pero seguimos tercamente en ella sin querer reconocer su gran fracaso.

Lo que nos urge, y coincido aquí con la Iglesia, es enseñarle a los adolescentes que el sexo es una dimensión fundamental de la personalidad humana. Que nuestra sexualidad no es un producto de libre mercado para dar, comprar y vender al instinto del momento. Enseñarles que en el sexo comprometemos nuestra personalidad, nuestra dignidad, humanidad y nuestro valor, donde se pone en juego todo lo humano: amor, libertad, responsabilidad, compromiso y capacidad de dar vida. Enseñarles que con el sexo no se juega, que es algo demasiado serio.

De igual forma, cuando los adolescentes caen adictos a las drogas, se embarazan y entran en depresión pudiendo llegar al suicidio, los únicos que los contienen y los respaldan con amor y cuidado son sus padres y las iglesias. Allí desaparecen los ideólogos del liberalismo y la promiscuidad.

Por otro lado, cuando se habla de “atrocidades” de la inquisición, tenemos que entender que eran tribunales de poder político, donde la presencia de la Iglesia, casi siempre atemperaba esas “atrocidades”. Hay que entender igualmente, que en la inmadurez de ese tiempo, el barbarismo reinaba como “cultura” en todos los sectores, haciendo la Iglesia lo que pudo. La Iglesia ha sido la única institución entre tantos, que tuvo la humildad de pedir perdón por los errores propios de la inmadurez intelectual de la cultura ancestral de siglos pasados. Ella también sufrió las consecuencias de una sociedad llena de barbaries y bárbaros como estilo de vida, pero muchos de los escritos sobre el rol de la Iglesia, son tendenciosos, y tienen casi siempre el mismo fin, desacreditar a la Iglesia y sus fieles.

Si 3 de cada 10 personas usan la religión para hacer el mal, ¿significa eso que la religión es mala?; o si 5 de 10 matrimonios terminan en divorcio, ¿es malo la institución del matrimonio? Absolutamente todas las instituciones tienen seres deleznables, pero también seres nobles y probos. Pero el fervor anticlerical y antiiglesia hace que muchas personas salgan a decir sandeces sin antes entender la posición de la Iglesia, dando municiones a infiltrados quienes quieren su destrucción.

“Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. Mark Twain.

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