SOCIEDAD

Importancia de la honestidad: Edgardo Lasso Valdés

Para algunos, la honestidad significa no meter las manos en el bolsillo ajeno. Este es un concepto un tanto infantil que muchos aplican en diversos aspectos de sus vidas públicas y privadas.

En cambio vemos que otros a los que, sin que les importe la percepción de deshonestidad que despiertan entre los conciudadanos, mantienen niveles de vida muy por encima de los ingresos normales que obtienen a cambio del desempeño de cargos públicos y privados.

Tan poco les interesa la opinión que los demás puedan tener de su forma de vida, que ignoran por completo los cuestionamientos públicos que se les hace a través de los medios de comunicación social.

Hay un refrán muy viejo que dice: “La mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo”. Es decir, hay que demostrar que se aplica el concepto en el modo de vivir, de actuar y de comportarse, en público o en privado.

Ser honesto significa respetar el derecho ajeno, las leyes y los reglamentos establecidos para la convivencia pacífica; las señales de tránsito vehicular; los espacios asignados a las personas con discapacidad; pagar salarios adecuados a los subalternos; no abusar de la autoridad que el cargo público o privado le confiere; actuar con dedicación y buscando los mejores intereses de las empresas estatales o particulares que les toque administrar.

Ser honesto, en todo el sentido de la palabra, obliga al hombre o a la mujer de cualquier estatus social a comportarse con dignidad, dando pruebas permanentes de que respetan el derecho de sus semejantes; de que actúan con civismo y pulcritud en los cargos públicos que ejercen; de que entregan su intelecto y esfuerzo en la búsqueda de soluciones a los problemas que afrontan las comunidades, que ellos deben atender como parte de la responsabilidad del cargo que ostentan.

Si usted no actúa con responsabilidad y transparencia en todas y cada una de las etapas de su vida, entonces no aplica el verdadero sentido de la palabra. Porque ser honesto es mucho más que abstenerse de meter las manos en el bolsillo ajeno, supone respetar los derechos de los demás.

El que “juega vivo” no prueba su destreza cuando conduce su automóvil en vía contraria ni cuando utiliza las aceras y los paños de emergencia para adelantarse a los otros conductores –eso lo puede hacer cualquier tarado–. Lo que en realidad comprueba con esa conducta es que es una persona deshonesta, y capaz de hacer cualquier cosa con tal de obtener ventajas personales sobre los demás.

El honesto dedica su intelecto a la búsqueda de mejores oportunidades para él y su familia, dentro de las leyes y reglamentos que la comunidad aprueba de cara a la convivencia pacífica.

En una repartición de bienes patrimoniales, si usted no le reconoce a su contraparte lo que en justicia le corresponde, usted es deshonesto.

Las personas que utilizan vías alternas para conseguir ventajas personales sobre los demás, no importa como quiera justificar su actitud, no son más que deshonestas.

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