MUERTE DEL ESTADO SOCIALISTA

Imposibilidad del cálculo económico: José Isidro Morante Erazo

Mises plantea el título de este artículo en su libro, El socialismo, en el año 1920. Dicho razonamiento lo basa en la lógica deductiva de que el precio es el medio de transmisión de información que indica a productores y compradores ¿Qué producir y a qué precio? ¿Qué consumir y el precio al que estamos dispuestos a consumir? Porque los padres del socialismo obviaron tan importante dato para impulsar su teoría económica, desconociendo el valor y achacándole los problemas del mundo antiguo, presente y futuro al capital. Ellos desestimaron un sistema complejo de información que se va llenando de una cadena ininteligible de datos que, de una manera espontánea y coordinada, junta los componentes de algo tan básico como un lápiz (grafito, madera, goma y metal), hasta los bienes y servicios más complejos.

Al desconocer los precios y la transmisión de datos de estos, los socialistas restan la importancia de los mercados libres, la división del trabajo, la información escasa y el problema de la escasez, con lo que el siguiente paso de ellos es la regulación del mercado, mediante legislación. Primero regularán al emprendedor y a la empresa; su funcionamiento y la necesaria entrega de información sobre ventas y gastos, por medio de los impuestos. Es decir, los socialistas desconocen el sistema de precios, pero se basan en él para obtener los recursos destinados a sus oscuros propósitos planificadores y reguladores.

Luego, no satisfechos con esto, los socialistas van tras el sistema de precios y empiezan las leyes a regular ciertos mercados estratégicos, según ellos, y como los resultados no son los esperados, caminan al siguiente nivel. Empieza la ordenación de todos los precios mediante leyes y decretos. La libertad económica, en este momento del intervencionismo, está gravemente herida; los emprendedores no tienen margen de acción y, lentamente, el valor del emprendimiento privado decae. Los socialistas, entonces, al no encontrar explicaciones en el decaimiento de la productividad y la escasez que sus perversas regulaciones crearon y, al no usar el razonamiento lógico, toman la fatídica solución de estatizar los mercados, intervenir y destruir la propiedad privada.

Ese es el fin máximo, quitar del camino y destruir a los especuladores empresarios y así matar el emprendimiento, que a pesar de todo encontrará una claraboya por donde conseguirá el oxígeno necesario para sobrevivir hasta fortalecerse y, otra vez, tener la suficiente simpatía de la mayor parte del conglomerado de individuos. Estas historias parecen lejanas, pero ya las vivimos con la URSS y otros países que, por medio de la violencia o el poder electoral, optaron por esta forma de gobierno.

El poder total y el fortalecimiento del Estado que pregonan los intervencionistas no existe en la práctica, desconocen el poder de las ideas de los individuos, la propia lógica del comportamiento del hombre que, a diferencia de los animales, no es un ser programable ni creado a conveniencia del Estado; el individuo posee libre albedrío, el poder de tomar sus decisiones. Tener un método de aprendizaje, sobre aciertos y errores, en estas, puede obligarlo y forzarlo por medio de la violencia a ir contra su voluntad, sin embargo, nunca podrán poseerlo como propiedad ni doblegar el 100% de su conciencia.

Ni la tecnología actual hace posible el cálculo económico, por lo tanto, el socialismo tendrá que convivir con la socialdemocracia, que es la vía interventora en la que ellos permiten un mercado regulado, en que existe un sistema de precios aunque algo tocado por los costos fijos que el gobierno crea mediante regulaciones, como los sueldos mínimos y expansión de la oferta monetaria, sea por medio de la emisión sin respaldo de dinero o por el manejo artificial de las tasas de interés o el aumento o disminución de los encajes bancarios, tales medidas no son suficientes para los socialistas y, aún así, auspician y promueven la estatización de sectores estratégicos de la economía. Es por este motivo que muchos servicios básicos, como el agua, electricidad y la telefonía, han sido públicos por muchos años en América Latina y el mundo, con las consecuentes fallas de precarización del servicio y la descapitalización de la empresa pública en detrimento de las necesidades de ingresos hacia el Estado central.

Al desconocer las bondades del sistema de precios, los socialistas están hipotecando el futuro de sus gobiernos porque, año tras año, debilitarán el patrimonio de la nación y de los emprendedores, con lo cual sus ingresos se verán reducidos y se frenará la expansión del Estado en todos los sectores de la sociedad. Es decir, la imposibilidad del cálculo económico es la verdadera muerte del Estado socialista.

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